La mirada de Paulina Dávila

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Paulina Dávila le prestó sus ojos color miel a María del Carmen Huertas. Esos mismos ojos le sirven para alimentar una curiosidad con la que intenta captar y devorarse todos los estímulos del ambiente y que la ha llevado a experimentar afanosamente la vida: el mar de Santa Marta donde creció, la paz de abrazar los palos de mango del Colegio Bilingüe donde estudió y se descubrió rebelde en su desinterés por encajar, los discos de música independiente gringa que su hermana le regalaba y que eran su refugio, la brutal sinceridad de sus padres que, según dice, le enseñó a ver la realidad sin paliativos, la mudanza a la capital, los viajes por el mundo y los personajes a los que se ha metido “de cabeza” para interpretarlos con esos ojos.

Por eso en ellos nació María del Carmen, la rubia, rubísima, una jovencita que es leyenda para cualquiera que se la haya cruzado y que protagoniza ¡Que viva la música! (QVLM), la única novela de Andrés Caicedo y que ahora llega a los cines gracias a la osadía y pasión de un equipo encabezado por el director Carlos Moreno y, claro, por Dávila. Un proyecto ambicioso, envidiado y criticado, lleno de salsa y caos visual y de un esfuerzo monumental por traducir al cine la elocuencia hipnotizante de la narradora del libro.

Y pensar que Dávila casi se pierde el papel más importante de su carrera.

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No hay nada malo contigo, de verdad

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Jeffrey Marsh llevaba cinco años soñando con su cumpleaños número 18. Cuando el día llegó se encerró varias horas en el baño a cumplir su sueño: depilarse por completo las piernas. Al terminar se puso unos shorts y bajó con la intención de ir al único bar gay de York, Pennsylvania, una ciudad con poco más de 40 mil habitantes. Sin embargo, se encontró con su papá.

-¿Qué es eso?,- le preguntó.

-Piernas,- contestó Jeffrey.

La discusión siguió y terminó a los golpes. No era la primera vez -ni sería la última- que Marsh recibía abusos e insultos por mostrarse tal y como se sentía en su interior. Y es que la hostilidad contra la diversidad arranca desde el lenguaje: Marsh, quien se identifica como género fluido, no es “él” ni “ella”, es una persona que está al margen de los géneros de los adjetivos, en ese limbo que alberga lo que no hay forma de nombrar.

Pero eso ya no lo trasnocha. Casi dos décadas después del enfrentamiento con su papá, Marsh es una superestrella de Vine, la red social en la que los usuarios publican videos de seis segundos que se reproducen continuamente, una y otra vez. Más de 250 mil personas lo siguen, sus vines han sido reproducidos 207 millones de veces y el año entrante publicará un libro con Penguin Random House. Su éxito radica en que, además de salir bailando o contando chistes -siempre maquillado, regio-, envía mensajes positivos. Entre el cinismo y el odio que caracteriza internet, Marsh siembra optimismo en pequeñas dosis. “Te veo y veo lo bueno que eres”, dice en un video de hace una semana, mirando con sus ojos aguamarina la cámara.

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El inútil orgullo LGBT

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Hay gente inteligente que se pregunta, con genuino enfado, por qué carajos debe hacerse una marcha del orgullo LGBT. Dicen que es un poco arrogante celebrar una identidad y que la discriminación no sólo la sufren estas personas.

Yo sólo pienso en una frase de Proust: “los homosexuales son una raza maldita, perseguida como Israel. Y finalmente, como Israel, bajo el oprobio de un odio inmerecido por parte de las masas, adquirieron características de masa, la fisonomía de una nación (…) son en cada país una colonia extranjera”.

Cuando la agenda en tu contra es la exterminación, cuando lo que los otros han buscado a lo largo de la historia es volverte invisible y negar tu propia existencia, salir a las calles y decir “me enorgullece ser” no sólo es un acto necesario de rebeldía, es la reivindicación del ideal más puro de justicia.

La marcha no es un capricho, es el corazón de una lucha que no termina. Si usted no ve la necesidad de ella, estoy seguro que lo que sucede es que no está mirando bien el problema.

Acérquese y verá que el prejuicio sigue vivo y matando. Ante eso, la única respuesta es el orgullo.

La anatomía de la melancolía

Por Juan Carlos Rincón Escalante

“Me sorprende”, digita un narrador sin rostro en su máquina de escribir, “que no haya más cartas de suicidio que simplemente digan: no, gracias”. Sus palabras están estampadas sobre una foto a blanco y negro de lo que parece ser un calendario. Esta es una historia de uno de los mil y pico fotocómics de A Softer World (Un mundo más amable), un cómic web que lleva 12 años revolviendo el corazón del más de un millón de personas que lo visitan cada vez que publican algo nuevo. El 1º de junio saldrá su última tira y el mundo llegará a su fin.

Joey Comeau, escritor canadiense reconocido por sus experimentos con las estructuras narrativas, se toma un momento para pensar. En retrospectiva, y tan cerca del final, ¿cómo describiría A Softer World? “Es un… fotocómic”, dice, y Emily Horne, fotógrafa canadiense y cocreadora, suelta una carcajada. “Es difícil”, continúa Comeau, “incluso ahora que estamos seleccionando nuestros mejores trabajos”. Se refiere a La anatomía de la melancolía, un libro que recopila las tiras favoritas de los creadores y que marcará el final de A Softer World. Para publicarlo pidieron a sus fanáticos apoyo mediante Kickstarter, una plataforma de financiación colectiva. Originalmente habían solicitado 25.000 dólares; actualmente van en 140.000 y todavía faltan varios días para el cierre de su campaña.

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Reseña de This War of Mine: otra forma de lucha

Por Juan Carlos Rincón Escalante

(Esta reseña fue publicada originalmente en Vice Colombia)

Hay una historia que no cuenta Call of Duty ni ninguno de esos FPS de guerra donde el centro de atención son los combatientes: la de los ciudadanos que tienen que sobrevivir a la guerra. This War of Mine ocurre durante un conflicto, pero se aleja de quienes disparan y se centra en un grupo de personas cuya única preocupación es sobrevivir. El resultado es un juego de estrategia muy interesante con unos cuantos momentos de genuina emocionalidad.

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Reseña de Destiny: un fracaso glorioso

Por Juan Carlos Rincón Escalante

(Esta reseña fue publicada originalmente en Vice Colombia)

Destiny es el fracaso no fracaso más espectacular de la historia de los videojuegos. O, por lo menos, en la historia de las últimas dos generaciones de consolas. Cuando Bungie, los míticos creadores de la saga Halo, decidieron independizarse del Master Chief y de Microsoft, Activision les ofreció 500 millones de dólares para que hicieran lo que quisieran. La apuesta financiera, aunque sin precedentes en la industria, no era muy arriesgada: Bungie tenía en aquel entonces la reputación de ser un estudio capaz de producir éxito tras éxito, a nivel de crítica y de audiencia. Todos quedamos a la expectativa y el fuego de la curiosidad aumentaba con cada anuncio: que iban a construir un multijugador masivo online, que iba a tener una historia, que iba por fin a mezclar bien los RPG con los FPS, que habían contratado a Peter Dinklage (de Game of Thrones) para darle voz a un personaje, que el juego iba a ser una trilogía con varias expansiones, que lo iban a lanzar en la nueva generación de consolas al igual que en la vieja, que se nos venía una revolución similar a la que trajo Halo hace ya más de una década. Difícil que Destiny, el producto de toda esta anticipación, no decepcionara con tantas promesas detrás.

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Cómo matar a un periodista

Por Juan Carlos Rincón Escalante

(Esta columna fue originalmente publicada en Vice Colombia

Matar a un periodista es muy fácil, hay mil maneras. Todo depende del poder que usted tenga.

Si, por ejemplo, hace parte de algún grupo marginado por la sociedad en la que vive, es perseguido por el Gobierno y por grupos discriminatorios, y no tiene mayor capacidad adquisitiva ni de influencia política, lo único que necesita es conseguir un arma. Dese gusto, es sencillo conseguir unas buenas Kalashnikov gratuitas y, de paso, recibir entrenamiento militar en cómo usarlas. Lo que hay es oferta. Pero si usted es un marginado perezoso, no desespere: hasta un cuchillo bien afilado puede funcionar. Me han dicho que la piel de periodista es particularmente blanda.

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Reseña de Papers, please: soy una marioneta

Por Juan Carlos Rincón Escalante

(Esta reseña fue publicada originalmente en el impreso de Vice Colombia)

Creador: Lucas Pope

Plataforma: http://papersple.se

Soy una maldita marioneta. Mi hijo y mi suegra están enfermos. Mi esposa tiene hambre y frío porque llevo dos días sin pagar la calefacción y comprar comida. Ayer pasó un terrorista de Kolechia (esos cabrones del país vecino) y se inmoló a unos pasos de mi cabina. Ojalá me hubiese alcanzado la explosión. Al menos así no tendría que estar escuchando a este coronel hablá ndome de cómo están buscando a un grupo de rebeldes de quienes, por cierto, acabo de aceptar un regalo. Necesito esa plata para que mi familia no se muera y el Gobierno no me corra de mi puesto. Soy una maldita marioneta. Y creo que me encanta.

Soy el protagonista de Papers, Please, extrañamente el juego más adictivo que ha salido en los últimos años. Mi trabajo es ser agente de inmigración de Arstotzka, un país comunista de la década de los 80. Todos los días corro contra el reloj para comparar varios documentos buscando incongruencias, mentiras, falsedades. Todas las personas que pasan por mi cabina tienen una historia, un interés, y yo tengo que decidir si entran o no. Puedo equivocarme (a veces, lo confieso, a cambio de sobornos y otras bobadas), pero si lo hago me llegará un memorando.

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Reseña de The Wolf Among Us

Por Juan Carlos Rincón Escalante

(Esta reseña fue publicada originalmente en el impreso de Vice Colombia)

Creador: Telltale Games

Plataforma: Android, PlayStation 4, PlayStation Vita, PlayStation 3, iOS, Xbox One, Xbox 360, OS X, Microsoft Windows. Básicamente todas menos Nintendo

Alguien está degollando princesas de cuentos, pero eso no es lo peor que está pasando en Fabletown, un barrio ficticio de Nueva York donde se refugian los personajes de cuentos clásicos que, por algún motivo perverso, tuvieron que huir de sus tierras mágicas y refugiarse disfrazados de humanos. En ese universo lleno de drogas, tráfico de mujeres, mafiosos y corruptos, el único que puede hacer algo para “salvar” (si es que tal cosa es posible) a las futuras víctimas es un villano con ganas de olvidar su pasado: el gran lobo malvado, Bigby Wolf.

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By Juan Carlos Rincón Escalante

(This story was originally published on the Apogee Literary Journal)

“And so….” He typed.

“Goodbye.”

“So long.”

He paused, contemplating the screen. He read the whole thing.

“Farewell.” He pushed the blue publish button. His profile picture appeared next to the letter. He read it again. It was good. The warmth of satisfaction took over him. He put his phone in his pocket, wondering if it would break badly with the fall. That thought entertained him. As if the phone were the most important thing on the verge of breaking.

Or was it?

He chased that question away as he walked towards the edge. The sky was clean and lonely. The night made his nose drip. He regretted not wearing his scarf, but, then again, regret had always been useless.

He stopped when there was no more room to continue. The city lights blinked at him, indifferent to his pain. Their beauty, he thought, as all beauty tends to be, was numb.

A rush of thoughts flooded his mind, but they were all passers-by, none staying or changing anything. He was ready to surrender to the darkness.

But then, one thought stuck.

He laughed a little and backed away. He had to see how many likes his letter was going to get.

It was a really good letter.

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