Las comisiones de verdad y el derecho a la verdad
Publicado el 18 marzo, 2013 Deja un comentario
Importante: la licencia bajo la que se publica este blog no aplica para este artículo.
Por Isabel C. Jaramillo y Juan C. Rincón
El Acto Legislativo 01 de 2012, en su artículo 1, establece que entre los instrumentos de justicia transicional se incluirán algunos de “carácter extrajudicial que permitan garantizar los deberes estatales de investigación y sanción”. Específicamente determina que la ley estatutaria que establecerá estos instrumentos, “deberá crear una Comisión de Verdad y definir su objeto, composición, atribuciones y funciones”.
El objetivo de este documento es ilustrar la diversidad institucional que alberga el término de “comisiones de verdad”, por una parte, y plantear lo que está en juego en la construcción de comisiones de verdad, por otra. En particular, quisiéramos mostrar en qué sentido las comisiones de verdad han sido efectivamente una alternativa extrajudicial para apoyar la transición y en qué sentido han enfrentado más dificultades que los tribunales judiciales para encontrar la verdad.
Para esto, ofrecemos una caracterización inicial de las comisiones de verdad creadas entre 1974 y 2012, enfatizando los distintos equilibrios entre narraciones útiles o ilustrativas y decisiones definitivas sobre casos concretos en los mandatos de estas comisiones. A continuación planteamos las principales conclusiones sobre la eficacia política de las comisiones de verdad y su relación con el papel que se espera que ellas jueguen en las transiciones dadas las limitaciones de los mecanismos judiciales. Terminamos con una breve presentación del caso colombiano y consideraciones sobre el papel de la verdad en la solución del conflicto.
La nueva mordaza
Publicado el 10 febrero, 2013 Deja un comentario

Por Juan Carlos Rincón Escalante
Vuelvo a esta histórica tribuna llamada columna de opinión con la intención de celebrar que el año pasado en Colombia no mataron a un periodista (a menos, claro, que el pendiente informe de la FLIP revele algo distinto a lo que dice en su página). Eso sí, secuestraron a uno, amenazaron a otros setenta y siete, arrestaron/detuvieron ilegalmente a seis, uno tuvo que exiliarse, treinta y dos sufrieron tratos inhumanos o degradantes, y dieciocho vieron obstruido su pésimamente recompensado trabajo periodístico, pero no entremos en minucias.
Celebremos. Colombia culminó su evolución: ya no matamos periodistas. Se ha vuelto tan irrelevante la profesión, y se han sofisticado tanto los mecanismos de censura, que la barbarie es innecesaria. La opinión se despacha a sus anchas en periódicos nacionales y locales donde abunda la sangre que entretiene unos cuantos egos, inquieta a algunos indignados y destituye al desgraciado de turno (cuando le va bien, que no es siempre).
Mientras tanto la investigación agoniza. Se publican libros paridos con el sudor de valientes (o la plata de apellidos acaudalados), torpes revistas universitarias gritan en el vacío sus denuncias diezmadas por la incapacidad de profundizar en las sombras que cómodamente adornan nuestro país, algunos tercos (soñadores, ingenuos, elijan ustedes el sinónimo) periodistas de región se aventuran a repetir los secretos a voces de los malvados adueñados de las provincias (y no tan provincias), pero todos se enfrentan al indestructible muro de la indiferencia colombiana. ¿Para qué?, ¿para quién?, mejor no molestar.
El periodismo, ese incansable guerrero que ha desafiado tiranos, mafias, guerrillas y corruptos, ese ideal que ha visto a mártires inmolarse en su nombre a través de décadas, ese cuarto poder que fortalece la democracia y fertiliza los estados, está de rodillas ante su nuevo amo: el dinero. Y el dinero no entiende de ideología.
Este altavoz que hoy utilizo es el mismo que ha sido usado por hombres y mujeres mucho más elocuentes y sabios que yo. Lo que acaban de leer no es más que un melancólico homenaje a un ideal que quizá nunca fue, pero que sin duda hoy no es. Aquí, y sólo aquí, está nuestra defensa: en las palabras que se queman tan pronto se publican, en las columnas de opinión que se desgarran por fines abstractos e inalcanzables, en las investigaciones que se rehusan a desaparecer. Desde esta tribuna construida con la grandeza de figuras ya olvidadas, los invito a celebrar que no fue necesario matar ningún periodista colombiano en el 2012.
Dicho eso, me retiro, me voy a trabajar. No me pagan por escribir periodismo.
Django Sin Cadenas: la gloriosa angustia de Tarantino
Publicado el 7 febrero, 2013 2 comentarios

Por Juan Carlos Rincón Escalante
Tarantino está escribiendo y filmando con angustia. Su Django Sin Cadenas es un homenaje pasional, no sólo a los westerns, sino al cine como forma de arte. Hecha en 35mm, un formato que agoniza pero que el director ha prometido defender hasta la muerte, la cinta es una melodía sangrienta de excelentes actuaciones, música provocadora, escritura tajante, fotografía cautivante y, sobre todo, divertida historia.
Django (Jamie Foxx) es un esclavo en la Texas de dos años antes de la guerra civil norteamericana. El doctor King Schultz (Christoph Waltz) es un cazarrecompensas que detesta la esclavitud, pero necesita del esclavo para encontrar a unos forajidos, así que lo busca, lo encuentra, lo libera de los traficantes a quienes pertenecía y le propone un trato: si Django lo ayuda en su labor, le dará la libertad. Les va tan bien en la caza que deciden trabajar juntos. Cuando Django le toma confianza a su particular amigo, le pide ayuda para encontrar a su esposa, también esclava. En su búsqueda dan con Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), uno de los dueños de esclavos más reconocidos, y con Stephen (Samuel L. Jackson), negro encargado de administrar a los esclavos en la plantación donde está la amada de Django.
La historia se toma su tiempo (son casi tres horas de película) para desarrollar a los personajes principales y el mundo que los rodea. El sur norteamericano racista es retratado desde la particular óptica de Tarantino con una cinematografía bellísima. El universo vibra: no hay persona en pantalla que no parezca real, necesaria, con su propio relato silencioso para contar. Foxx, Waltz, DiCaprio y Jackson interpretan sus papeles con una habilidad admirable. Cuando los cuatro están en escena, es difícil elegir a quién mirar. Tarantino (quien debió haber sido nominado al Oscar como mejor director por su manejo de actores) sabe cómo lograr que actores experimentados den lo mejor de sí y se diviertan haciéndolo. Hay que ver a Samuel L. Jackson (también olvidado por los Oscar) como Stephen. Hay que odiarlo, sentirlo.
Sofía y el Sol
Publicado el 11 enero, 2013 Deja un comentario
Les presento mi primer cortometraje: Sofía y el Sol (2013). Ojalá lo vean, me cuenten qué tal les parece (estamos aprendiendo y queremos mejorar) y lo distribuyan. Gracias por su tiempo y apoyo constante.
Oprime aquí para leer la descripción del corto y otros detalles más.
El coraje de Naty Botero
Publicado el 22 noviembre, 2012 Deja un comentario

Fotografías y texto por Juan Carlos Rincón Escalante
La sonrisa de Naty Botero es invencible. A pesar de estar exhausta por una mañana larga llena de entrevistas, responde siempre con entusiasmo, con la felicidad de quien hace lo que ama. Sus gestos evidencian una pasión incansable que le ha permitido actuar, cantar, filmar y obtener reconocimiento en Colombia y América Latina. Ahora prepara el lanzamiento de su nuevo disco, Coraje, el cuál ha producido de forma independiente. En diciembre le dará a sus fanáticos la opción de comprarlo por internet y, una vez vea sus reacciones, planea hacer un estreno masivo en el 2013.
Usted hace de todo (es DJ, cantautora, directora de cine), ¿pero quién es Naty Botero?
[Soy] Creación. Mi mamá (Lina Botero) y mi hermana mayor (Cristina Botero) son pintoras, entonces crecí entre cuadros y cuadros. Yo también pinto, pero pintar es un arte muy solitario, así como escribir. Me encanta la soledad, pero me gusta mucho más la gente, el equipo, las familias: me gusta que hayan peleas, malentendidos, y que después la gente se junte para cantar. Eso es la música y eso es el cine, que son mis dos cosas favoritas. Por eso estudié cine cuatro años: es el arte de equipo, es obtener lo mejor de todos los involucrados para hacer una obra maestra. Todos en unión. Y la música es igual. Este disco (Coraje) no podría ser producto de más personas: hay productores, hay compositores, hay mezcladores, hay muchos duetos.
Eso es lo que yo soy: una bomba de creación. Crear, compartir, experimentar. Es lo que más me gusta y es lo que quiero hacer y lograr por medio del arte. Quiero encontrar un lugar donde uno se sienta bien; cambiar un poco la violencia con la música y con las artes. Siempre me he preguntado porqué la gente es violenta, de dónde sale ese odio, y con las artes puede haber esa comunicación que nos lleve a la limpieza; a la tranquilidad de que todos podemos estar bien, unidos, y vivir en paz.
Padre, hijo y espíritu armado
Publicado el 21 octubre, 2012 Deja un comentario

Por Juan Carlos Rincón Escalante
El fotoreportero Álvaro Cardona viajó al Catatumbo, en Norte de Santander, y regresó con quince imágenes que narran las heridas que dejó la guerra en esta región del país. Exposición en el colegio Gimnasio Moderno en Bogotá.
Álvaro Cardona, comunicador social y periodista de la Universidad de Manizales, fue corresponsal gráfico de El Espectador en esa ciudad, trabajó para La Patria, fotografió muertos para Q´hubo, capturó modelos para SoHo, se convirtió en la mano derecha de los cronistas de esa revista, ganó el Premio Nacional de Fotografía Colombo-Suizo (del Ministerio de Cultura y la Embajada Colombo-Suiza), y ahora quiere que los bogotanos vean el trabajo que lo hizo merecer dicho premio: la exposición Padre, Hijo y Espíritu Armado.
La muestra estuvo abierta del 16 al 26 de octubre de 2012 en el Gimnasio Moderno (Carrera 9 # 74-99). La entrada era gratuita y se podía visitar de 8:00am a 5:00pm.
¿Cómo llegó a la fotografía?
Mi álbum familiar es inmenso. Mi abuelo, mi mamá, todos en mi familia siempre se han preocupado por mostrar nuestros recuerdos. A partir de ese interés infundido, a mis 15 años arrancó mi proceso en la fotografía. Me llamaba la atención la posibilidad de guardar recuerdos en un papel. En esos momentos estábamos trabajando con rollo y con un montón de herramientas análogas, lo que era muy interesante. No digo que lo digital no sea interesante, pero lo análogo despertaba en mí ese niño que es inquieto y quiere aprender algo.
¿Y cómo surgió la idea de unir fotografía y periodismo?
Siempre he intentado generar sentido y contenidos a través de lo que he hecho. La fotografía es un lenguaje visual que me permite expresar temas periodísticos, pero también sé que esos mismos temas se pueden traducir a otros tipos de lenguaje. Entonces, lo que vi en la fotografía es la oportunidad de tomar todo ese bagaje y toda esa vena artística de mi casa, unirla con el periodismo y buscar que los temas sean relevantes. Busco la unión entre el periodismo y el arte. Es ahí donde se produjo el trabajo que ahora estamos exponiendo. Ese es el resultado de poder decir: es un tema de interés, actual, inmediato, pero también es un tema que nos inspira, que nos muestra el dolor humano y nos hace llegar a lo más profundo del corazón.
¿Qué le debemos a los narcos?
Publicado el 4 octubre, 2012 1 comentario
Por Juan Carlos Rincón Escalante
Si Millonarios hubiese devuelto las dos estrellas que propuso entregar, hubiese sido un acto simbólico loable en un país acostumbrado a no mirar hacia atrás. La iniciativa murió porque las críticas llovieron en una hipocresía que se resume con una frase: si vamos a devolver lo que nos ha dado el narcotráfico, nos tocaría devolver a Colombia. ¿Qué tan cierto es eso?
El surgimiento del narcotráfico, contaba el historiador Jorge Orlando Melo en 1995, coincidió con una rápida evolución de nuestro país. Las urbes se llenaron, el enfoque económico cambió, y culturalmente se sacudieron instituciones que ostentaban el poder (como la iglesia). En los años sesenta, los cultivos de marihuana por emprendedores colombianos se iniciaron sin mayor censura social: estas personas eran bien vistas y su negocio era muy rentable. Después llegaron organizaciones (aún no carteles) que, importando de suramérica la materia prima y de Europa los químicos, empezaron a procesar coca en nuestro territorio. El control de las rutas de exportación llevó a estas personas a estructurarse y a ocupar espacios de Colombia que no parecían interesarle a nuestro paupérrimo Estado. De allí nacieron los apellidos Escobar, Rodríguez Orejuela, Gacha, Ledher, entre otros.
Al principio, y durante mucho tiempo, el Gobierno no parecía tener interés en combatir este poderoso negocio. López Michelsen y Turbay Ayala permitieron que cualquier persona, sin muchas preguntas, cambiase dólares a pesos en los bancos, lo que le dio vía libre a los narcos para lavar dinero a su antojo. Después, por supuesto, se declararía la guerra contra el narcotráfico y empezaríamos una de las épocas más sangrientas de nuestra historia.
En términos concretos, entre el 10 y 25% de las exportaciones de nuestro país de 1982 provenían del narcotráfico. Hasta 1995, los narcos movían anualmente entre 800 y 2500 millones de dólares (entre 2 y 6 puntos del PIB). Esta plata sirvió para promover lujosas construcciones, la venta de finca raíz y de carros, y el mejoramiento de equipos de fútbol. Influyó en el crecimiento de la nación, pero, dice Melo, no fue tan decisivo como uno piensa.
Entonces, sí, Colombia ha crecido gracias al narcotráfico y a los dineros oscuros. Saber con exactitud qué tanto, es imposible. El 3% de nuestro PIB actual proviene del lavado de activos. Lo mismo pasa en el mundo: el lavado de activos suraméricano representa el 5% del PIB mundial, y ni hablemos de la importancia que tienen en Estados Unidos estos dineros oscuros.
Pero también hay un efecto positivo del narcotráfico y la violencia en general: sirvió de excusa para construirnos. Colombia se re-estructuró institucionalmente para responder a las fuerzas oscuras, creció el poder del Estado y también la unión de los ciudadanos. La Constitución del 91, un resultado directo de toda la sangre derramada, reconoció nuestra diversidad étnica, instituyó la tutela como medio de empoderamiento de los individuos y plasmó la importancia de nuestros derechos fundamentales. El narcotráfico contaminó nuestro país con su plata, pero motivó movimientos más puros y fundamentales. Pedir perdón por lo que se afectó indebidamente no implica renunciar ni desconocer los esfuerzos legítimos de construirnos. Por eso lo de Millonarios es importante. Dos estrellas están sucias, pero quedan otras que son dignas de exhibir.
Somos el país que sobrevive; que se reinventa en reacción a la maldad. En palabras de Jorge Orlando Melo: “para los Colombianos, nada es más familiar que la sensación de que el país se encuentra siempre en crisis, al borde del colapso”. Pero ahí seguimos. Y seguiremos.
Prohíban las elecciones estudiantiles
Publicado el 19 septiembre, 2012 2 comentarios
Por Juan Carlos Rincón Escalante
Sergio Fajardo prohibió los desfiles de moda en colegios públicos de Antioquía con un argumento contundente: en el colegio se aprende, no se desfila. El Gobernador dijo que no iría ni un peso del erario departamental para financiar concursos de belleza y, en oposición, dijo que se crearían concursos que fomenten el talento en las mujeres.
Mi invitación es a que se replique esta prohibición en el resto del país y que vayamos un paso más allá: prohibamos las elecciones a personero y las clases de debate en los colegios.
Empecemos por las elecciones. En teoría, son un ejercicio maravilloso de pedagogía democrática donde los estudiantes toman conciencia de la importancia de votar y participar activamente en las decisiones que los afectan. De allí, se dice, se construye un electorado que nutrirá y mejorará la democracia colombiana. En la práctica, el puesto al que aspiran los candidatos no tiene funciones reales (ni una influencia relevante en las decisiones del colegio) y, por ende, sus propuestas sólo pueden apelar a una cosa: la popularidad. Año tras año se realizan campañas que se construyen sobre el carisma personal, las redes de amigos y la capacidad de disfrazar promesas vacías. El resultado es doblemente negativo: los candidatos aprenden que la política es un tema más de forma (y de relaciones) que de fondo; los electores aprenden que las propuestas no importan, que su voto es irrelevante y que la política es una faena superflua. Al colegio vamos a aprender, no a desfilar.
Incluso en aquellos colegios donde el personero/consejero recibe voz en la junta directiva, su capacidad de acción, proposición y ejecución es nula. Las elecciones terminan siendo un ejercicio cínico: sin importar lo que los estudiantes, electorado primario, quieran, siempre priman las decisiones de una institución (la junta directiva y el rector, o algún ente análogo) supra democrática y que, en muchos casos, es motivada por intereses económicos (de subsistencia del colegio, etc). Cualquier parecido con la realidad, muchachos, es pura coincidencia.
Sobre los debates, más que una prohibición propongo una enmienda. Todos los concursos y clases que he podido observar en colegios premian la forma. Basado en una noticia o en un tema cualquiera, se invita al estudiante a que hable, y hable, y hable de la forma más convincente y segura posible. Se le enseña a improvisar, se le premia la aparente contundencia de argumentos fáciles. Los profesores caen también en ese juego de hablar y opinar sin conocer. Cuánta basura se dice en esos ambientes. El problema es que no se invita a conocer las complejidades de un tema, no se premia la síntesis basada en conocimientos claros, no se fomenta la duda. El resultado de eso es claro: aprendemos que debatir es saber hablar, jamás conocer. Construimos una Colombia donde aparentar es preferible a ser.
Después se preguntan por qué nuestra democracia está llena de discursos vacíos y electores desinteresados. Es que en el colegio nos enseñaron a desfilar.














