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¿Por qué estudiar Derecho?

Sergio Urrego

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Alba Reyes está sentada en una oficina que parece tres en una. Apoya sus brazos sobre una mesa redonda. Frente a ella están dos mujeres de semblante amable y preocupado. Son investigadoras del CTI. A su lado está su mejor amiga. Al otro costado, diagonal, estoy yo. La veo desgarrarse. De nuevo relata el suicidio de su hijo, Sergio Urrego, y la cadena de abusos, discriminaciones e intransigencias que lo precedieron. Otra vez, como tantas veces en las últimas semanas, se quiebra, tiembla, se apoya en los silencios para recuperar lo poco que puede de su compostura, y sigue. Cada tanto se detiene, pero no por dolor sino por duda, y me mira. Yo le hablo a sus ojos y asiento. Ella asiente también y continúa su lucha por reivindicar la memoria de su hijo, el buen nombre de su familia, y apaciguar un poco la desazón que produce la injusticia del odio irracional.

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Las comisiones de verdad y el derecho a la verdad

Las comisiones de verdad y el derecho a la verdad

Importante: la licencia bajo la que se publica este blog no aplica para este artículo.

Por Isabel C. Jaramillo y Juan C. Rincón

El Acto Legislativo 01 de 2012, en su artículo 1, establece que entre los instrumentos de justicia transicional se incluirán algunos de “carácter extrajudicial que permitan garantizar los deberes estatales de investigación y sanción”. Específicamente determina que la ley estatutaria que establecerá estos instrumentos, “deberá crear una Comisión de Verdad y definir su objeto, composición, atribuciones y funciones”.

El objetivo de este documento es ilustrar la diversidad institucional que alberga el término de “comisiones de verdad”, por una parte, y plantear lo que está en juego en la construcción de comisiones de verdad, por otra. En particular, quisiéramos mostrar en qué sentido las comisiones de verdad han sido efectivamente una alternativa extrajudicial para apoyar la transición y en qué sentido han enfrentado más dificultades que los tribunales judiciales para encontrar la verdad.

Para esto, ofrecemos una caracterización inicial de las comisiones de verdad creadas entre 1974 y 2012, enfatizando los distintos equilibrios entre narraciones útiles o ilustrativas y decisiones definitivas sobre casos concretos en los mandatos de estas comisiones. A continuación planteamos las principales conclusiones sobre la eficacia política de las comisiones de verdad y su relación con el papel que se espera que ellas jueguen en las transiciones dadas las limitaciones de los mecanismos judiciales. Terminamos con una breve presentación del caso colombiano y consideraciones sobre el papel de la verdad en la solución del conflicto.

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Una Colombia feliz

COMUNICACIÓN CONFIDENCIAL

REMITENTE CERTIFICADO

MENSAJE:

Honorable Primer Ministra. El día de hoy, tal y como lo dispone la ley de la república, hice la inspección judicial de la casa del periodista Juan Carlos Rincón. Allí el susodicho fue encontrado inerte, con heridas en sus muñecas. Después de una extensiva revisión de su habitación, encontré el texto que anexo. Creo que su contenido explica su suicidio y la causa del retraso en el informe que debía entregar sobre el magistrado Rodríguez. El documento anexo es el original. No existe copia alguna. Ya entenderá la motivación de mi prudencia.

DOCUMENTO ANEXO:

Colombia “feliz”

“Todo es una farsa” dice con debilidad Ernesto Rodríguez mientras detalla la pared. En ella hay un letrero muy elegante, de fondo rojo y tipografía dorada, que dice: “Colombia: tierra del gobierno amado por el pueblo”[1]. Ernesto, con un cuchillo peligrosamente afilado que le había regalado un guardia, talló, el día que llegó a ese lugar, una “r” entre la “a” y la “m” de “amado”. Ahora el letrero hablaba de un gobierno armado por el pueblo. “El sistema está diseñado para justificar cualquier tipo de atrocidad. Todo es legítimo cuando está acorde a la ley. La ley es legítima cuando el pueblo es convencido de que esa ley es lo que en verdad quiere” concluye.

A sus cincuenta años, el señor Rodríguez aparenta el doble de edad. Graduado como abogado de la Universidad de los Andes gracias a la cuna de oro en la que nació, obtuvo rápidamente reconocimiento por sus habilidades en el derecho penal. Después de adelantar investigaciones que serían el fundamento para la reforma judicial que adelantó el Gobierno Supremo vigente, el señor Rodríguez fue nombrado como magistrado supremo de la nueva Corte Penal Colombiana (superior en jerarquía a la Corte Constitucional y la Corte Suprema de antaño, y dotada con ambiguas funciones que le daban un amplio poder discrecional al magistrado Rodríguez). Hoy, sin embargo, luce devastado. Lleva varios días sin comer y sus ojos, de inusual color azabache, denuncian su profunda tristeza. Está a punto de morir, condenado por la misma institución que antes presidía.

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La reposición y la súplica como medios de impugnación en Colombia

La reposición y la súplica como medios de impugnación en Colombia

Por Ángela Zorro y Juan Carlos Rincón

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En el presente trabajo haremos una exposición de la información pertinente a los recursos de reposición y súplica en el proceso civil colombiano.

Para esto, (I) haremos una pequeña introducción a la teoría de los medios de impugnación y la clasificación de los dos recursos objeto de estudio; (II) expondremos el recurso de reposición según su (a) finalidad, (b) procedencia, (c) trámite, (d) evolución histórica reciente y (e) su definición en el proyecto de código general del proceso; (III) expondremos el recurso de súplica partiendo de su (a) diferencia con el recurso de reposición, (b) finalidad y definición legal, (c) procedencia, (d) trámite, (e) evolución histórica reciente y (f) su definición en el proyecto de código general del proceso; (IV) Concluiremos con unas críticas al regímen actual. A lo largo de esto acompañaremos la teoría con jurisprudencia relevante para la comprensión del tema.

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“Administrando justicia en nombre del pueblo…”

“Administrando justicia en nombre del pueblo…”[1]

Por Juan Carlos Rincón Escalante

-Antes de comenzar-, dijo el abogado Francisco Correa mientras acariciaba su prominente panza, recostado sobre una costosa silla de cuero. Acababa de zamparse una bandeja paisa bien jalada, de esas que tanto le gustaban. –Debo hacerle una pregunta fundamental, de la cual va a depender el resto del caso- añadió.

Ricardo se estremeció. Estaba muy nervioso. Llevaba un par de noches sin dormir. Los días no eran nada mejor: ansiedad, miedo, dudas. El caos había tomado posesión de su vida. No podía dejar de pensar en su situación. Miró sus manos, aún jóvenes y en buen estado, y se decidió a confesar su pánico. -Lo sé, doctor. Pero hay un problema, no sé si lo hice o no…no sé cuál es la verdad.

Francisco alzó la ceja y clavó sus ojos en Ricardo. –No, hombre, no- dijo, visiblemente irritado. –Me confunde usted con un mal abogado. Cuando yo llevo el caso, la “verdad” es irrelevante.

-¿P…perdón?- balbuceó Ricardo. No lo entendía. Su mayor preocupación era no saber la verdad. Quería saberla. Necesitaba saberla. No podía seguir existiendo sin tener clara su situación. La culpa se le aparecía en todas partes, lo carcomía lentamente.

-Sí, sí, ¿no sabía usted que no hay hechos, sólo interpretaciones[2]?- dijo el abogado con una sonrisa arrogante. Ricardo seguía sin entender, pero Francisco no tenía tiempo para perder. –Lo que me interesa saber, en realidad, es lo siguiente: ¿tiene usted dinero?

El cliente miró a su abogado intentando descubrir algún indicio de broma en su rostro. No lo encontró. El doctor Correa tenía un semblante rígido. Había cambiado su posición: ahora se apoyaba sobre la mesa, con los brazos como punto de equilibrio. Al parecer esa pregunta era fundamental. –Sí, doctor, soy millonario, aunque no veo como…

-¡No se diga más!- interrumpió Francisco. –Entonces tenemos un caso. No se preocupe por nada, yo me encargo de todo y le voy avisando en cuanto nos va a salir el problemita-. El abogado saltó de su silla, apretó fuertemente la mano de un perplejo Ricardo, y emprendió camino hacia la puerta de la oficina. Cuando iba llegando, Ricardo lo detuvo. -¿Doctor?- preguntó. –Sí, dígame, ¿en qué puedo servirle?-. -¿No le interesa saber de qué trata mi caso?-. Francisco soltó una carcajada que sonó a chirrido de marrano. Cuando logró controlarse, habló: -Sólo dígame el cargo que le imputan-. –Homicidio-. -¿A quién dicen que mató?-. –A un indigente que vivía diagonal a mi apartamento-. El abogado abrió los ojos de par en par y salió corriendo hacia Ricardo. Al tenerlo cerca, lo abrazó fuertemente. Con una lágrima escapándose por su mejilla, le susurró a su cliente: -¡Que buena noticia! ¡Me acaba usted de dar un regalo de navidad anticipado!-. Sin decir más, se despidió con una palmada en la espalda de Ricardo y salió de la oficina.

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El Derecho ES el poder

Mi propuesta para la mesa 3 del Congreso es la siguiente: es fundamental que en Introducción al Derecho se estudie de cerca la realidad latinoamericana.

Para sustentar mi posición, voy a (1) explicar qué entiendo por “realidad latinoamericana”; (2) hablar de la relación entre esa realidad y el Derecho; (3) exponer cómo, en mi opinión, el Derecho debe ser visto como una construcción social y, por lo tanto, como el punto determinante en las relaciones de poder; para finalizar (4) concluyendo que introducir al Derecho debe implicar una introducción a la realidad latinoamericana.

¿La Gran América Latina?

Homogeneizar (mediante generalizaciones) es, siempre, un asunto muy delicado. Durante el proceso de abstracción, donde encapsulamos a un gran número de países bajo el mismo nombre (Latinoamerica), podemos ignorar las particularidades que definen a cada una de esas naciones. A simple vista, igualar a países como Colombia, Guatemala, Venezuela y Perú suena descabellado: después de todo, son nuestras diferencias las que fundamentan la existencia de fronteras.

Por lo anterior, aclaro que no creo que exista UNA realidad Latinoamericana que todos los países compartan.

Sin embargo, sería ingenuo obviar las similitudes. Países con corrientes políticas tan disímiles como Colombia y Venezuela se afrontan a los mismos problemas: ¿Cómo apróximarse a las reformas constitucionales? ¿Qué tanto poder otorgarle al ejecutivo? ¿Qué tan libre debería ser la libertad de prensa?

Si seleccionamos el problema de la libertad de prensa, por ejemplo, vemos que podemos relacionarnos con otros países: las chuzadas de Fujimori en Perú y del gobierno Uribe en Colombia; el cierre “legal” de canales de oposición en Venezuela; la presión constante de los Kirchner a los medios argentinos. Las apuestas constitucionales también implican problemas similares: la lucha Guatemalteca por reconocer los derechos de los indígenas después del genocidio de la década de los 80 es similar a la reparación de las víctimas que Colombia pretende implementar.

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De la igualdad, la neutralidad y otras utopías

Ensayo para Derecho Romano.

De la igualdad, la neutralidad y otras utopías

“Los cobardes son los que se cobijan bajo las normas.”

“Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.”

“El hombre nace libre, responsable y sin excusas”

Jean-Paul Sartre[1]

La primera vez que me enfrenté a la idea de que la neutralidad no es más que una ilusión, mi mente estuvo a punto de colapsar.

El argumento era contundente, y sin embargo, no podía aceptar que un valor tan fundamental en lo que había aprendido de la sociedad era un imposible, una utopía, una ilusión de la humanidad.

Pero, en realidad, es una situación muy fácil de entender con el siguiente ejemplo: si uno va caminando por la calle y ve un atraco, ¿cuál es la posición neutral? No existe tal cosa, sí llamamos a la policía o si intervenimos en la escena, estamos tomando el lado de la víctima, y si nos quedamos quietos sin hacer algo, estamos beneficiando al ladrón.

Entendiendo que la neutralidad no existe, surge otra pregunta: ¿entonces por qué la profesamos?

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