Los retos de una “prensa” perseguida, mal pagada y maleducada
Publicado el 23 febrero, 2014 Deja un comentario
Por Juan Carlos Rincón Escalante
Es delgada la línea que separa la legitimidad ideológica de los límites a las libertades y la inexcusable opresión. Especialmente cuando se trata de la libertad de expresión. Todo Estado tiene un poder dominante y su respectiva oposición, y ambos lados siempre están intentando sabotearse y derrocarse. Simplificando el tema, eso es la democracia. El lado victorioso decide el rumbo del país y, en las ideologías más radicales de gobernanza (los extremos del espectro político), eso trae limitaciones; sacrificios. Sin embargo, la historia de la humanidad ha construido unos mínimos vitales que no pueden ser transgredidos. Esa es la línea divisoria entre la legitimidad y la dictadura. La «prensa», entendida en sentido amplio para incluir a periodistas y a cualquier persona que exprese y difunda sus ideas, suele estar sentada sobre esa línea. Hay límites a lo que puede decirse y hacerse, pero estos tienden a ser mínimos por el precio tan alto que se paga si se silencia a las voces disidentes. No hay excusa para mantenernos en silencio cuando un Gobierno o agente privado, sea de la ideología que sea, cruza esa línea y se convierte en opresor. Es nuestro deber como humanos protestar.
Después de cinco años en disputa judicial, la editorial Penguin Books, una de las más grandes de India, decidió ceder a las peticiones del demandante (un conservador religioso) y destruir las copias del libro “Los Hindús: una historia alternativa”. En un comunicado de prensa, la editorial explicó que el código penal de la India prohíbe los actos que puedan generar rencores religiosos. Según el comunicado, la editorial quería proteger a sus empleados y debía cumplir la ley, “por más intolerante y restrictiva que esa ley pueda ser”.
Esas palabras de dolor resignado pudieron fácilmente haber sido dichas por cualquier opositor en Venezuela. Leopoldo López, una de las cabezas más visibles de la facción anti chavista, se entregó a la justicia acusado de crímenes relacionados con su libertad de expresión. Las leyes que la limitan están amañadas a la voluntad de un gobierno que no quiere opiniones diferentes, y eso deja a las personas jugando un juego con reglas corruptas. Por eso Maduro mandó a censurar a NTN 24 durante el cubrimiento de las protestas, y por eso los empleados de CNN en Venezuela vieron como les revocaban sus visas. Esto no es nuevo: las cámaras incomodan y el periodismo, bien hecho, es una piedra en el zapato de quienes quieren ocultar violaciones a los derechos humanos.
Jennifer Lawrence es la revolución
Publicado el 24 noviembre, 2013 2 comentarios
Reseña de Los Juegos del Hambre: En Llamas
Por Juan Carlos Rincón Escalante
Jennifer Lawrence ya es una diosa de la actuación y apenas tiene 23 años. Con lo que ha hecho hasta hoy (¡y eso que no hemos visto American Hustle!) es comparable con Amy Adams (39 años), Cate Blanchett (44 años) y Meryl Streep (64 años), leyendas consagradas que han mejorado con la experiencia. Imagínense lo que le depara el futuro a Lawrence. Su rol más reciente en Los Juegos del Hambre: En Llamas, es otra demostración de fuerza dramática que tiene que ser vista. La revolución, en la película y en la vida real, nace en los ojos de esa mujer.
In Putin we trust
Publicado el 13 septiembre, 2013 Deja un comentario
Por Juan Carlos Rincón Escalante
Vladimir Putin, uno de los hombres más denunciados por sus atropellos contra la democracia y las libertades individuales, se convirtió, de la noche a la mañana -literalmente-, en el rostro de la diplomacia mundial. Su propuesta de entregar las armas químicas de Siria a la comunidad internacional, respaldada por Assad, hizo que Obama pospusiera el ataque de Estados Unidos, calmó la tensión mundial y lo hizo merecedor de aplausos, especialmente de sus enemigos usuales. Hasta el New York Times publicó una carta donde el presidente ruso le recordaba a Estados Unidos la importancia de respetar la ley internacional y de reivindicar las Naciones Unidas (y el Consejo de Seguridad) como garante de la estabilidad mundial. Cuando el Nobel de Paz quiso irse a la guerra, el tirano dictó cátedra de diplomacia.

Fotografía: (cc) andriux-uk
Lo paradójico es que a Rusia no podría interesarle menos su propio discurso. En realidad, el interés de Putin era lanzarle un salvavidas a su viejo aliado -Assad-. Que en el proceso haya podido ridiculizar a Estados Unidos es sólo un bono. Putin es, en palabras de la periodista y activista rusa Masha Gessen, «el hombre sin rostro», el artífice de un aparato burocrático que ha perseguido y asesinado opositores, arreglado elecciones, vulnerado libertades individuales y armado voces de la opresión nacional e internacional. Gessen, en su doloroso retrato del ascenso de Putin al poder, dice que jamás había visto una «realidad tan desprovista de emociones y tan cruel, tan patente y tan despiadada, tan corrupta y con una falta tan completa de remordimientos». Lo primero que se siente al aterrizar en Moscú es el frío. Después, la corrupción.
Lo anterior no puede interpretarse como un apoyo a Estados Unidos. El argumento de Obama a favor de la guerra justa -que, por cierto, expuso en su discurso de aceptación del Nobel-, sería interesante de analizar si en la práctica no se hubiese demostrado que a los norteamericanos se les despierta el interés humanitario únicamente cuando la crisis es en un país con petróleo. A los dirigentes de la nación del norte les cuesta entender que el resto de países no están cómodos con su autoproclamación de ser la policía del mundo. Putin tiene razón en su artículo del NYT: si Estados Unidos sigue declarando guerras cuando se le antoje, la ONU pierde su propósito y todos los avances en materia de estabilidad se van al traste.
Lastimosamente, la diplomacia en este caso no es más que una herramienta retórica utilizada por conveniencia. En la mitad del interesante y ruin juego de la política internacional, hay un conflicto que ha cobrado la vida de cientos de miles de personas y generado el desplazamiento de otro millón más. Así pasa en Siria, y de manera similar pasa en otros lugares del mundo donde no está puesta la lupa. La verdad es que no hay salida fácil, que la gente va a seguir muriendo, y que el panorama es descorazonador.
Mientras tanto, el «hombre sin rostro» acaba de evitar la tercera guerra mundial. Por ahora. Lo aplaudo.
A los hipócritas
Publicado el 14 agosto, 2013 2 comentarios
Por Juan Carlos Rincón Escalante
La heterosexualidad vagabunda destruyó el matrimonio de mis padres, pero eso sí es «normal». Hipócritas. Todos y cada uno de ustedes que se esconden tras argumentos falaces para justificar la repugnante discriminación que perpetúan por el temor a lo que creen diferente; todos y cada uno de ustedes que con su silencio o indiferencia -o, peor, relativismo insulso- toleran la marginalización de los homosexuales, son unos hipócritas. Por su culpa, “los homosexuales son una raza maldita, perseguida como Israel. Y finalmente, como Israel, bajo el oprobio de un odio inmerecido por parte de las masas, adquirieron características de masa, la fisonomía de una nación (…) son en cada país una colonia extranjera” (Marcel Proust).
Cuando hablaron de normalidad y depravación, la historia les habló de épocas donde las parejas del mismo sexo eran veneradas, la biología les recordó que la naturaleza también es hogar de la homosexualidad, la psicología les probó que no hay trastorno alguno en no ser heterosexual, y la filosofía planteó una pregunta que sigue sin ser contestada: ¿qué es lo normal y cómo se define lo normal sin que dicha definición no sea una decisión política? Desesperados, acudieron a la tradición sagrada como sustento, alzando la biblia (ese libro producto de su contexto y de las necesidades de sus redactores) y convirtiendo sus prejuicios en una cruzada por la moralidad. Olvidaron que el Estado es de todos, mientras que la fe es de cada vez menos, y que la tradición por sí sola no es autoridad suficiente para destruir la vida de un grupo de personas. Ahora, en un punto clave de la historia, cuando la lucha homosexual parece alcanzar hitos esperanzadores, utilizan su mal ganado poder institucional para presionar a los notarios y jueces, e irrigan el discurso público con poco elocuentes mentiras que la historia -no me cabe duda- juzgará con garrote.
Esos hipócritas -a quien llamaré necios- están en vía de extinción, pero es nuestra generación la llamada a enterrarlos de una buena vez. Y eso es lo que me preocupa. Aquellos jóvenes heterosexuales que se sienten cómodos en el silencio; aquellos que no cuestionan los prejuicios de sus familiares y amigos homofóbicos; aquellos que no sienten como propio el sufrimiento de los censurados; aquellos que no se indignan con los atropellos del Procurador, y de los bares que no permiten la expresividad Trans, y de los miles de victimarios homofóbicos que día a día marginalizan en la universidad, en el colegio, en el Transmilenio y en todas partes, son hipócritas si se pretenden buenas personas, buenos ciudadanos. Los heterosexuales, desde nuestro privilegio, tenemos un compromiso con la justicia; una deuda con la comunidad LGBT.
Es hora de entender aquel grito homosexual que reza así: “ser marica no tiene que ver con el derecho a la intimidad: tiene que ver con la libertad de ser públicos, a ser simplemente quien somos”. Ellos merecen ser quienes son. La nueva generación heterosexual debe dejar su ambivalencia y hacer acto de presencia: unirnos en un nosotros que erradique la discriminación, primero del ordenamiento jurídico, y después de todos los rincones sociales. No más hipocresía tolerante de la maldad. No más libertades coartadas sin justificación. La historia nos llama, así como lo hizo con otras generaciones en tantas otras ocasiones, a ser más grandes que nuestros miedos. Es nuestro momento de hacer justicia.
Titanes del Pacífico: Guillermo del Toro cancela el apocalipsis
Publicado el 15 julio, 2013 Deja un comentario

Por Juan Carlos Rincón Escalante
Titanes del Pacífico es una bestia inusual. Cada vez más, los grandes estudios prefieren apostar su dinero en franquicias reconocidas. Por eso la cartelera vive llenas de segundas, terceras y cuartas partes, en muchas ocasiones innecesarias. La innovación se reserva para presupuestos más modestos y, claro, para el diverso mundo de las películas independientes. Tomar riesgos no es rentable. Que Guillermo del Toro (El laberinto del Fauno) nos traiga una historia original con un presupuesto masivo, entonces, es motivo suficiente para emocionarse con la película. También hay otra razón: Titanes del Pacífico es excelente y, sobretodo, muy entretenida.
La promesa del «Hombre de Acero»
Publicado el 18 junio, 2013 1 comentario

Por Juan Carlos Rincón Escalante
Superman es una franquicia complicada. Pese a ser el superhéroe icónico de DC Comics, los intentos recientes por llevarlo a la pantalla grande han fracasado estrepitosamente. Superman Returns (2006), la apuesta de 270 millones de dólares de Warner Bros., a duras penas pudo recaudar su presupuesto original. Desde entonces, Marvel ha hecho un negocio redondo con todas sus películas de los Vengadores y Christopher Nolan le inyectó cierta grandeza a un género subestimado con su trilogía de Batman. Ahora, en el momento cumbre del cine de superhéroes, regresa el Hombre de Acero, dirigido por Zack Snyder (300, Watchmen), producido e ideado por el mismo Nolan, y respaldado por 225 millones de dólares y una campaña publicitaria masiva. Sobre sus hombros pesa un proyecto mucho más grande: DC Comics y Warner Bros. quieren hacer lo mismo que Marvel con los Vengadores, y este es el primer paso en un camino que terminará en una película de La Liga de la Justicia. Por eso Hombre de Acero se siente más como una promesa que como un producto digno de admirar.
Lo que trae Portugal a la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2013
Publicado el 26 abril, 2013 Deja un comentario
Por Juan Carlos Rincón Escalante
El de arriba es una pequeña nota audiovisual que realicé para 070.
Le pedimos a Jerónimo Pizarro, profesor de literatura de los Andes y comisario de la participación de Portugal en la feria, que nos guiara por lo que nadie debería dejar de buscar en la feria. Especial FILBO.
Roa y el fuego que no se apaga
Publicado el 18 abril, 2013 2 comentarios

Por Juan Carlos Rincón Escalante
Colombia está en los ojos de Juan Roa. Interpretado por Mauricio Puentes, su angustia es la de un hombre introducido a las malas en un conflicto que no es suyo, en una violencia que no entiende, en una pobreza que lo reduce y humilla. Su angustia es la de un soñador que se rehusa a ser uno más de los sin nombre. Su angustia es Colombia, y Andrés Baiz, director de Satanás, La Cara Oculta, y ahora Roa, quiere que el país se vea en un reflejo perturbador.















