Tu nuca sabor a lluvia

-Estoy muy dañada.

-¿Dañada? Es decir, ¿averiada?.

-Sí, dañada, averiada, broken, ¡como sea!- me respondió, impaciente y fastidiada. -¡Hay que ver las estupideces en las que te fijas!

-Me estoy fijando en ti.

No clavó su mirada en mi, a pesar de que era lo que yo pretendía. Desde hacía ya un tiempo no era digno de sus azules mentirosos y desgastados. “Azul es mi color favorito, y ella es mi mujer favorita” escribí en mi diario cuando la conocí, hace ya muchas peleas.

-Sí, bueno, todos lo estamos…averiados, quebrados, dañados, deprimidos.

Encendió un cigarrillo y suspiró. Le fastidiaba mi respuesta, que no le siguiera el juego. Odio que fume, me quitan las ganas de morder sus labios. No, miento, nada me quita las ganas de sus labios, ni siquiera el dolor que ha salido de ellos últimamente.

-Esto es lo que vamos a hacer…-su voz cambiaba de tono, ahora era dulce, serena -tú me vas a matar.

Llovía y ella apoyaba su humanidad desnuda contra la ventana. Observaba el vacío. Las gotas le salpicaban en el cuerpo, y yo las celaba porque la recorrían lentamente, disfrutándola, devorándola. ¡Que ganas de matarte a mordiscos, maldita!

-¿Cómo quieres que te mate?

-Ahógame

-¿En el olvido?

-No seas güevón, con la almohada.

-No sería capaz.

-Mariquita. Pero supongo que tienes razón, es muy lento y tú te arrepientes con facilidad.

Me acerqué sigilosamente, aunque no importaba. Hubiese podido haber gritado todo el camino que ella no saldría de su trance. La lluvia la hechizaba, la enamoraba, más de lo que yo alguna vez pude hacerlo. Rodeé su cintura con mis brazos y besé su nuca. Amo su nuca, podría vivir en ella. Pero creo que la amo porque es la puerta de entrada, el inicio de un camino que pasa por su espalda y se enreda en su cintura.

-Empújame- susurró.

-¿Qué?

-Empújame. Eso es rápido. Ya estás en posición. Sólo tienes que empujarme un poquito y caeré.

-Morirás.

-Seré feliz.

-No serás.

-Y aún así seré más de lo que soy hoy.

-No digas tonterías.

-Hazlo.

-No lo haré.

-Entonces me lanzo yo.

-No te soltaré.

-No puedes tenerme atrapada toda la vida.

-¿Quieres verme intentarlo?

-¿Por qué te cuesta tanto darme felicidad?.

-Porque no tendrás felicidad, tendrás nada. Y me dejarás solo.

-Siempre se trata sobre lo que quieres, y sobre tu miedo a la soledad. Madura. Follas como hombre pero temes como niño.

-Gracias por el cumplido.

No alcancé a sentir el dolor de su golpe. El caos del momento enmudeció el mundo, mi mundo. Con facilidad me empujó y quedó libre. Libre. Nunca la había visto tan bella. La lluvia y la luz de una ciudad difusa la enmarcaban para siempre. Sus ojos y su sonrisa brillaron, una vez más, una última vez. Y después ya no estaba.

Ahora ella era nada. Más de lo que ya era. Y yo me convertí en ella, y mis ojos ya no brillaron más, y el olvido sigue sin llegar.

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2 comentarios el “Tu nuca sabor a lluvia

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