Reivindicación social a través del humor

Fotografía: (cc)david_shankbone

Me gusta hablar de las personas que no tienen poder…siento la necesidad de hablar por quienes no pueden hablar por si mismos…Les pedimos que vengan y trabajen, y luego les pedimos que se vayan. Ellos [los inmigrantes ilegales] sufren y no tienen derechos.”

Stephen Colbert

Uno de los grandes problemas que suele presentarse en los debates de políticas a nivel nacional es la generalización. Ciertas ideas, cuyo origen es casi imposible identificar, infectan los discurso de los medios, los políticos, y, más grave aún, de la mayoría de las personas. Es en ese ámbito, el informal, el de la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, donde las posibles soluciones a determinado problema se discuten y, al final, se elige la mejor. Por eso son tan peligrosas las ideas de las que hablo: son usadas por las personas en sus conversaciones personales, lo que implica que las interiorizan y las utilizan como base para tomar sus decisiones. Al final, esas ideas terminan influenciando la manera en que las personas piensan y se comportan. Ideas que en origen son ambiguas y frágiles terminan convirtiéndose en verdades absolutas que nadie puede negar, y quién lo intente será descartado como un ignorante.

Estoy hablando de ideas como los homosexuales no son naturales, los opositores al gobierno son terroristas, y para los alcances de este artículo, los inmigrantes nos roban nuestros trabajos.

El poder dañino de esa última frase incrementa gracias a las condiciones actuales de Estados Unidos. Con los números de desempleo por los cielos, y cientos de miles de norteamericanos perdiendo sus trabajos mensualmente, una idea que culpe a los inmigrantes ilegales es una bomba de tiempo. Se está fomentando el odio hacia un grupo de la población que ya está en el ojo del huracán, y los políticos que promueven esa idea están desviando la atención de las verdaderas razones por las cuales los números de desempleo están tan alto.

Para desmentir, en parte, esa idea, United Farm Workers inició una campaña para ofrecer puestos a estadounidenses en el sector agrícola. Resulta que la producción de alimentos en el país del norte está en crisis por la falta de mano de obra; la oferta gringa no puede satisfacer su demanda, y han tenido que importar de otros países (como México, ese país místico del que provienen los inmigrantes ilegales); más de un millón [1.ooo.ooo] de hectáreas se desperdician porque no hay forma de explotarlas.

Tres cuartos de los empleados en el sector agrícola son inmigrantes, de los cuales un 50% son ilegales. Sus condiciones de trabajo son horrendas, pero siguen trabajando allí. Y aún así falta mucha mano de obra. Aquí el problema no es la falta de trabajo, sino que los gringos no lo quieren hacer. Desde el principio de la convocatoria, la página de la UFW ha recibido tres millones de visitas, pero sólo 16 trabajadores nuevos han aplicado -y entrado- al sector.

Hay un proyecto de ley, actualmente en el congreso, que busca solucionar el problema ayudando a los trabajadores inmigrantes del sector, e incentivando la incorporación de estadounidenses. No obstante, el tema no ha recibido atención pública. A nadie le importa. Es mucho más interesante ver a Lindsay Lohan tras las rejas que a un inmigrante matándose en el campo, bajo un sol inclemente y sin recibir mucha remuneración.

Por eso, UFW invitó a Stephen Colbert a trabajar un día en el campo. Colbert es un comediante que tiene un programa en Comedy Central. Es famoso porque se gana la vida simulando que es un hombre de extrema derecha, y mediante sus extremismos es capaz de mostrar lo ridículo que se pueden tornar los debates nacionales. En ocasiones no es gracioso, pero siempre es profundo. Dentro de sus bromas se pueden encontrar fuertes argumentos. A través del humor es capaz de provocar reflexiones.

Él y Jon Stewart, su maestro, son hombres en exceso inteligentes. Y gracias a que utilizan la comedia para exponer sus ideas, han visto como su voz crece con los años. Son de admirar.

No es extraño, entonces, que la UFW haya buscado su ayuda para promover el debate sobre el sector agrícola. El punto de quiebre sucedió el viernes pasado, cuando Colbert fue invitado a testificar en el congreso sobre el proyecto de ley que les mencioné.

Los medios, liderados por Fox News, pusieron el grito en el cielo. Sin escuchar lo que tenía por decir, lo acusaron de ridiculizar al congreso, y que su presencia le restaba seriedad a la audiencia. Congresistas de ambos partidos se sintieron ofendidos, e incluso le pidieron que no asistiera. El principal problema, para ellos, era que Colbert iba a testificar usando su personaje.

Después de que testificó, los ataques siguieron, y el cubrimiento de los medios se basó en Colbert, ninguno se preocupó por explicar de qué se trataba el proyecto de ley en cuestión. El tema sigue siendo tristemente ignorado.

No entiendo como se atreven a descalificar a alguien por el simple hecho de ser comediante. Los comediantes, cuando lo son con elegancia como Colbert, deben ser admirados, escuchados, pues lo que hacen es mucho más complejo de lo que aparenta. Lograr que alguien ría y piense, al mismo tiempo, es muy difícil. Lo digo yo que he fracasado en el intento.

Si los medios, y los congresistas, hubiesen estado más abiertos a escucharlo, como supuestamente hacen con cualquier otro ciudadano, hubiesen encontrado, en sus declaraciones, argumentos valiosos. No es una broma cuando dice:

Quizás podríamos ofrecerle más visas a los inmigrantes quienes, siendo sinceros, seguirán haciendo esos trabajos así no las tengan. Y este mejorado status legal les permitirá buscar ayuda si son víctimas de abuso. Y me parece sensato que si tu colega en el trabajo no puede ser explotado, es mucho menos probable que te exploten a ti, y eso mejoraría las condiciones de trabajo en aquellas granjas, para que, eventualmente, los americanos empiecen a considerar en hacer esos trabajos de nuevo.

Es una propuesta razonable, y explica, en pocas palabras, lo que el proyecto de ley pretende. Una explicación, sin embargo, que no se le ha dado al pueblo americano.

Mientras los medios y los políticos se concentran en trivialidades -como el hecho de que un comediante se atreva a insultar al congreso con su ridículo testimonio-, son los comediantes quienes han asumido la responsabilidad de darle voz a quienes más la necesitan. Y eso ha hecho Colbert.

Pareciese que, cuando los tiempos son difíciles, sólo podemos encontrar sinceridad en quienes nos hacen reír. El bufón, en este circo de mundo, termina siendo el más sensato.

Yo no soy fanático de que el gobierno haga algo. Pero debo preguntar: ¿por qué no está haciendo algo el gobierno? Quizás esta ley de Add Jobs funcione, no lo sé. Como la mayoría de los miembros del congreso, no la he leído.

Actualizado: Jon Stewart, como siempre, lo dice mejor.

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Algunas fuentes sobre el tema:

Take Our Jobs.org

Reaction Roundup: Stephen Colbert’s testimony in congress [No Fact Zone]

Stephen Colbert Hearing [HuffPost]

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