Date una década (y la esperanza radical)

Por Juan Carlos Rincón Escalante

He estado sufriendo mucho en los últimos meses. Mi mente está fuera de control y mis pensamientos son puro frenetismo ininteligible que no me permite distinguir lo que estoy sintiendo (y mucho menos el por qué).

La estoy pasando mal, pues, es lo que quiero decir.

Por eso he estado regresando mucho a la pregunta del deseo. ¿Qué es lo que quiero y cómo sé que lo que quiero en realidad es algo que quiero y no se trata de un espejismo construido para distraerme de lo que quiero profundamente?

Es una pregunta que le apunta a la ansiedad que me produce no saber si los caminos que estoy tomando son los que debería estar eligiendo, si el tiempo que gasto en un determinado esfuerzo creativo está bien invertido. ¿Debo insistir e insistir en una determinada mediocridad para ver si la logro moldear en algo que me haga sentir orgulloso? ¿Por qué esa y no otra?

No tengo, por supuesto, respuestas.

Pero me he encontrado con algunas cosas interesantes en medio de la turbulencia.

Hurgando en el blog de Austin Kleon choqué contra el consejo que da el caricaturista David Heatley: “date una década”.

“Date una década”, por David Heatley. Tomada del blog de Austin Kleon. El caricaturista dice que tomó prestada esa frase de su esposa.

Qué propuesta tan sencilla, irritante, aplastante y liberadora.

A esta mente enferma que le cuesta estar y comprender el presente, que está obsesionada con cada una de las fallas de mis creaciones diarias, de mi caminar, de mi apariencia, que siente que agoniza, una década le suena como un periodo de tiempo imposible, irrisorio, inexistente.

Tal vez ese es el punto.

Es verdad que mi yo actual se me antoja mucho más interesante que el yo de hace diez años.

Eso me hizo pensar en la esperanza radical. Cuando Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos, Junot Díaz retomó ese concepto en un artículo para The New Yorker. Esta es una traducción de su párrafo más importante:

“Toda la lucha del mundo no nos va a servir si, al mismo tiempo, no tenemos esperanza. Lo que estoy intentando cultivar no es un optimismo ciego, sino lo que el filósofo Jonathan Lear llama esperanza radical. «Lo radical de este tipo de esperanza», escribe Lear, «es que se encuentra dirigida hacia una bondad futura que trasciende nuestra capacidad actual de entender cómo se manifestará». La esperanza radical no es algo que se tiene, sino algo que se practica; requiere que uno sea flexible, abierto y que tengamos, como dice Lear, “una excelencia imaginativa”. La esperanza radical es nuestra mejor arma contra la desazón, incluso cuando la desazón está más que justificada; hace que sea posible sobrevivir al fin del mundo. Sólo la esperanza radical pudo haber imaginado que gente como nosotros existiríamos. Y creo que nos va a ayudar a crear un futuro mejor y más lleno de amor”.

O, como dijo John Green en este video, “la esperanza es la respuesta correcta al arco de la historia”.

Si pasan por aquí, dejen un comentario más abajo.

También pueden escribirme a jkrincon@gmail.com

La fotografía del artículo es de Kristopher Roller en Unsplash.

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9 comentarios el “Date una década (y la esperanza radical)

  1. He sentido en muchas ocasiones como mi mente me acribilla con sus mil y una puñaladas, recordándome el monstruo que soy, lo inútil que puedo llegar a ser y la porquería que siempre seré, todo esto en mil y una noches, a pesar de mil y un días que tenga a un psiquiatra enfrente “recordándome” lo valiosa que es mi existencia. Pero ¿qué puedo hacer?, darme otros mil y una oportunidades de vivir, de resistir ante lo perturbadora que será mi mente…. Una y mil veces.

  2. Es curioso llegar un día como hoy a la oficina (uno de esos en los que una no se halla ni los pies ni la cabeza y en los que suelo ver a todas las personas a mi alrededor como simios vestidos jugando a hacer cosas importantes -es muy gracioso-) y encontrarse con esta bonita entrada. A mi me pasa con mucha frecuencia que los planes y las decisiones que en algún pasado cercano se veían como las más estratégicas, motivantes, brillantes, pasan así como con un tronar de dedos a verse casi ridículas, diría que es un filtro llamado “NoSense” de algún editor de fotos. Se le van a uno las ganas y se duda hasta del ritmo de la respiración.

    Al igual que lo cuentas también creo que mi yo actual es muchísimo más inteligente e interesante que mi yo de hace 10 años… ya quisiera uno tomar decisiones de para atrás.

    Vamos a ver qué dice mi yo futuro del shot de esperanza radical que me voy a embutir para seguir, si valía la pena o no. Saludos.

    • Me gusta mucho esa idea del filtro “NoSense”. Creo que puedo entender el sentimiento. Me pasa a menudo que estoy emocionado por una idea particular, un proyecto, lo que sea y, de repente, me desplomo. Me pesa todo.

      Salud por el yo que somos hoy y que es mejor que el de hace diez años.

      • Como diría Hector Abad Gomez, eres buena madre, eres capaz de parir muchas ideas, pero eres mal padre, no eres lo suficintemente constante para criarlas, darles forma. (esto desde una sociedad patriarcal)
        Ese “eres” en realidad es un somos, en mi caso esto es un síntoma de mi trastorno de ansiedad generalizada

  3. Darse una década suena genial, un gran regalo para uno mismo…¡Una década!

    Mantener la mente ocupada es absolutamente necesario. Comprendo lo que dices y estar ocupados calla esa voz interior que nos quiere opacar todo el tiempo y hacernos sentir vergüenza de nuestro pequeños logros diarios. Pero no hay opción mas que no bajar la guardia, no dejarse doblegar ni derrumbar de esa voz llamada MIEDO, un miedo cobarde que no nos define, solo nos distrae y nos quiere desviar del objetivo principal. Podemos retarla, dominarla y callarla cuando sea necesario, es la única vía, hacer esto día a día, sin descanso, sin caer en la desesperanza de un final sin salida; motivarse, crear motivos. Enfocarse en lo importante y necesario en la existencia, por ejemplo en: ¿qué le voy a aportar al mundo?

    Me encanta los temas que tocas Juan, porque muchos, como yo, sentimos empatía, sabemos de qué hablas. Solo esto quería decir. Gracias.

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