Archivos

“¿Me regala un minuto, amigo?” Comprar tiempo en la gran ciudad

Minutero en Bogotá

Por Juan Carlos Rincón Escalante

(Artículo publicado originalmente en el Humboldt Magazin)

Quien se detiene un momento en Bogotá puede escuchar el sonido de la ansiedad. 7.776.845 personas conviven diariamente y se pierden en serpientes interminables de camionetas, autos particulares, taxis, buses rojos y azules, motos, bicicletas y peatones que creen que son autos. Pero ese número no refleja la individualidad, cada una de las historias que comparten el mismo temor: la falta de tiempo.

“Todo el mundo cree que puede hacer trampa”, dicen los veinticuatro años de experiencia como taxista de Jorge Lemus. “Creen que uno puede atravesar la ciudad en diez minutos”. Pero cuando, después de unos minutos en el tráfico donde lo único que se mueve es el tiempo y, ocasionalmente, el viento, se dan cuenta de que les espera por lo menos una hora de no hacer nada, desesperan. “Algunos empiezan a pegarle suavecito al vidrio, otros a mover el pie, a respirar duro. Los menos sutiles me insultan por no pasarme un semáforo en rojo, pero si lo hago y la policía me multa, ellos se bajan tranquilos con su prisa y a mí me dejan el problema”, dice Lemus. El problema es simple: en la gran ciudad, nadie tiene tiempo.

Oprime aquí para seguir leyendo el artículo.

Carta de amor prohibido a Enrique Peñalosa

Enrique Peñalosa

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Enrique:

Confieso que compartimos un sueño. Yo también creo que la base de un país más igualitario es un espacio público digno y compartido, donde uno pueda caminar o andar en bicicleta sin el peso de la paranoia que cada colombiano interioriza para sobrevivir nuestras ciudades. Me emociona la idea de invertir en la felicidad de todas las personas, de devolver el espacio al pueblo.

Oprime aquí para seguir leyendo la carta.

Antes

Con orgullo les presento nuestro tercer cortometraje, “Antes”. Ojalá lo disfruten.

El amor es tan breve que cabe en un cortometraje. La larga historia Juan David y Alejandra contada en seis momentos.
Oprime aquí para obtener más detalles del cortometraje.

Lo que trae Portugal a la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2013

Por Juan Carlos Rincón Escalante

El de arriba es una pequeña nota audiovisual que realicé para 070.

Le pedimos a Jerónimo Pizarro, profesor de literatura de los Andes y comisario de la participación de Portugal en la feria, que nos guiara por lo que nadie debería dejar de buscar en la feria. Especial FILBO.

Oprime aquí para comentar algo y ver fotos de la FILBO 2013

Navidad en el norte

Después de mucho caminar el muchacho encontró lo que buscaba. Luces verdes y rojas iluminaban la fachada de la hacienda Santa Bárbara, el único lugar en Bogotá que le faltaba por conocer.

Una hora entera estuvo ahí, quieto, extasiado, observando los colores parpadeantes. Siempre le había gustado la navidad. Era, pensaba él, una excusa para que la ciudad se vistiese de esperanza. Recordó en aquel momento a su mamá, desaparecida varios años atrás. Fue feliz pues alucinó con ella. La vio allí tal y como la había visto durante la primer docena de años de su vida: pelinegra y churca, trigueña con bronceado bogotano, piernas largas pero bien tapadas, pancita y postura de madre trabajadora. Vio sus ojos miel que, gracias a la oscuridad, aparentaban ser negros, y sintió su mirada amorosa y extenuada. Ella también amaba navidad.

El veinticuatro de diciembre, desde las seis de la tarde, todos los vecinos del barrio se reunían. Eran una gran disfuncional familia. Cada uno tenía su asiento reservado en un gran óvalo de sillas de plástico. El centro de gravedad de la reunión eran dos mesas llenas de frutas, lechona, trago y gaseosita.

OPRIME AQUÍ PARA SEGUIR LEYENDO EL CUENTO

Un partido melodioso

Por Juan Carlos Rincón Escalante

“Siento una emoción muy grande porque es un momento muy especial…como si fuesemos la selección Colombia a punto de jugar una final”

Son palabras del director Mauricio Parra quien, momentos antes del inicio del evento, repasa con sus dirigidos el plan de acción. En el lugar, al mismo tiempo, las luces se prenden y apagan para comprobar su adecuado funcionamiento. Diana Pérez, organizadora de la logística, imparte órdenes a las trece personas contratadas para que todo salga bien esta noche. El público se acumula en la entrada. Se esperan 326 asistentes. La expectativa es evidente en el ambiente. Diez minutos antes del inicio, el director decide acabar la práctica. “La bendición” dice como despedida.

Inicia la serenata para cuerdas de Anton Dvorak y la tranquilidad se apodera del lugar. El público le presta total atención a las notas que provienen del escenario. Un hombre mayor cierra los ojos y alza el mentón para recibir la música.

Están en el auditorio B del edificio Mario Laserna de los Andes. El espectáculo es un concierto de la Orquesta de cuerdas Filarmonía, un grupo de músicos profesionales que solían pertenecer a la Orquesta sinfónica de Colombia y que se agruparon para no perder el vínculo con la música. Ya se habían presentado en la universidad en el 2009. Según Mónica Uribe, encargada de traerlos, fueron invitados de nuevo por ser “una Orquesta increíble con miembros de larga trayectoria”.

OPRIME AQUÍ PARA SEGUIR LEYENDO LA CRÓNICA

¡Escuchen, la frontera está llorando!

Publicado originalmente en Censurados: Cero

Para entender por completo la idea de que colombianos y venezolanos somos hermanos es necesario vivir en Cúcuta. No conozco la situación en las demás zonas fronterizas, pero no me extrañaría si sucede lo mismo.

Viví 17 años en Cúcuta, la mitad de mi familia es veneca (y la mitad de esa mitad tuvo que huir de Venezuela por culpa del miedo que produce Chávez). Cúcuta es de Venezuela así como San Cristobal (ciudad fronteriza) es colombiana. Nos separa un puentecito por el cual, a diario, pasan miles de personas que nos convierten en la zona franca más activa de América Latina.

Intercambiamos mercancías, servicios, costumbres, sueños, historias, familias. En Cúcuta lo único que te diferencia de un venezolano es tú acento (insoportables ambos) y, quizás, la moneda con la que pagas. Ni siquiera la nacionalidad es una diferencia clara: la mayoría de los cucuteños poseen cédula veneca (pregúntenle a Chávez cómo sucedió eso).

Somos una familia, y estamos tan ligados que los números no son capaces de representar la dependencia que nos une. Sí, Venezuela es (o era) el segundo socio comercial de Colombia, pero permítanme humanizar un poco ese enunciado. Recientemente (unos cuatro años, si la memoria no me falla) construimos dos centros comerciales inmensos, y recibimos la inversión de empresas que antes ni se fijaban en nuestra ciudad (Mc’donalds, Home Center, Exito, Juan Valdéz, El Corral, Panamericana), gracias a que el bolívar (junto con los subsidios y la escasez) permite que nuestro mercado sea atractivo para los venecos. No en vano la Panamericana de Cúcuta fue la que más vendió hace un par de navidades.

A nivel de las personas la influencia es más notoria. Las peluquerías se nutren de venezolanos; los lustrabotas (quienes se han quejado a sobremanera en estas elecciones) tienen un negocio montado gracias a una gran afluencia de venecos; el centro de la ciudad se ve, por estos meses, vacío, pues sus mayores compradores son los del vecino país; los cucuteños podemos tanquear nuestros autos con tan sólo 5.000 pesos (monto que, como mucho, sube a 20.000). Hagámoslo más personal: mi madre (cabeza de familia) tiene un 60% de clientes del vecino país.

Y podría seguir, pero seria volverme redundante. Lo que importa es lo siguiente: Cúcuta y San Cristobal no son dos ciudades de países distintos, son una ciudad, una gran ciudad, hogar de hermanos que históricamente han sido vecinos amigables.

Sigue Leyendo.

Cuidado con respirar tranquilos

Al finalizar el consejo de seguridad el Alcalde informó que la explosión de Suba fue causada por una moto que tenía cinco kilos de explosivos y que fue dejada en el parqueadero aledaño a la estación de Policía.

El Espectador

Una de las principales pruebas que sustentaban la debilitación de la guerrilla era, en gran medida, la disminución de los atentandos a la población civil. Las estremecedoras noticias de carros-bomba (como aquel que causaría pánico y dolor en El Nogal), tomas guerrilleras y secuestros masivos se han disminuido gradualmente en los últimos años. Colombia podía empezar a respirar con tranquilidad, primera vez desde los horrendos atentandos de Pablo Escobar (años 80 y principios de los 90).

El miedo ha sido reemplazado por un valiente patriotismo, las carreteras son seguras y los viajeros han re-descubierto nuestro hermoso país; los principales cascos urbanos han visto un incremento en su vida nocturna, los parques y lugares públicos son visitados sin ningún temor, al parecer, el peligro es cosa del pasado.

Nuestro gobierno ha celebrado los decesos recientes de grandes jefes guerrilleros, Martín Caballero, Raúl Reyes y Manuel Marulanda abandonan este mundo y comprueban que las FARC han decaido, el final de una guerra aparentemente eterna se acerca, al menos eso dicen el gobierno y los principales analistas.

(…)Sigue leyendo.