Uribe debe aprender del Polo

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Álvaro Uribe y el Centro democrático deben entender que hacer oposición no tiene los mismos lujos que gobernar. Cuando se tiene el poder de las mayorías y se ocupa la Presidencia, las arbitrariedades se pueden disfrazar con mayor facilidad y al irrespeto a la Constitución y las instituciones se le puede llamar “reformismo” sin mayor atisbo de vergüenza. Cuando se es minoría, sin embargo, ser arbitrario e irrespetuoso con la institucionalidad equivale a perder legitimidad pública y, además, a convertirse en un blanco fácil. Es injusto, sí, y el país sufre por eso, sí, pero esas son las reglas con las que tiene que jugar cualquier oposición que tenga vocación de poder. Por eso Uribe debe dejar las mañas presidenciales y aprender de los errores y aciertos del Polo Democrático.

Lo ocurrido en la posesión de Juan Manuel Santos es un ejemplo claro de un error de principiante. El partido uribista decidió ausentarse del evento y poner a rondar rumores sobre la falta de legitimidad del presidente. Lo que no entendieron es que el odio a Santos no puede ser sinónimo de un desprecio a la Presidencia como institución. El acto del 7 de agosto era importante para nuestro país no porque Santos fuera el elegido, sino porque es el símbolo de una democracia que quiere sobrevivir a pesar de todo (y todos), y de un país que le apuesta a sus frágiles instituciones como cimiento de nuestro futuro. El capricho de Uribe y compañía se vio como una protesta contra la institucionalidad y no contra el presidente. Eso aísla al opositor y refuerza al gobernante.

La oposición tiene principalmente dos poderes: uno simbólico y otro de supervisión y denuncia. El primero es el que más se usa en los discursos porque consiste en decir: “aquí estamos representando unas voces que se sienten excluidas”. El segundo es el más útil en términos prácticos para el país pues, bien utilizado, se convierte en la piedra en el zapato de la corrupción y de todo lo que anda mal. Una oposición fuerte, coherente y comprometida es el mejor remedio para la intransigencia de esta Colombia arrodillada al presidencialismo caudillista (ese que, por cierto, Uribe abusó hasta el cansancio).

El Polo, que viene cargando con el peso de ser mínima oposición ante mayorías aplastantes, es experto en los límites y alcances de estos poderes. Su mejor momento es cuando ejerce el control político con investigaciones e informes en las manos (al estilo de Petro en sus buenas épocas), y cuando da voz a esa izquierda que, pese a ser perseguida y vivir con la amenaza constante de ser aniquilada, le sigue apostando a nuestra democracia. Su peor momento se da cuando, por culpa del odio, ataca sin fundamento la institucionalidad y guarda silencios cómplices ante los crímenes de la rebeldía armada. Ahí, senador Uribe, está su hoja de ruta como oposición.

Qué refrescante sería, por ejemplo, que Uribe utilizara la audiencia sobre paramilitarismo para condenar con vehemencia a los de las motosierras; o ver a los congresistas del Centro Democrático denunciar (con pruebas en la mano y no con gritos vacíos) las alianzas perversas del Gobierno con políticos acostumbrados a la corrupción; o que el discurso de “paz sin impunidad” dejara de ser un capricho de poderoso sin poder y se volviera un ejercicio constructivo y de debate sincero.

Así se construye país y se hace una oposición valiosa. Lo demás es puro ruido.

Fotografía: (cc)Center for American Progress

Anuncios

¿Qué piensas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: