La espera

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Cerrar la puerta del baño aplacó un poco los desolados gritos de su mamá. David apretó los ojos y se concentró. Sintió el ardor de sus manos, sus ojos lloraron involuntariamente. Suspiró para calmar los nervios. Recordó las palabras de su padre. Calma, se dijo. Calma. Tienes que ser un hombrecitoUn hombre. Tenía once años y aún no sabía bien cómo tranquilizarse. Tocó su celular y en la pantalla salió la foto de Juan Felipe Cabrera. Entró directamente a buzón. Intentó de nuevo mientras más lágrimas se le escapaban. Le temblaba todo su cuerpo miniatura. El ardor se había esparcido hasta su pecho. Buzón de voz. Decidió hablar.

Papádijo después del tono. La voz no le daba. El llanto de su madre había aumentado. –Papá…¿dónde estás? Mamá dijo que venías con Papá Noel…¿dónde estás? ¿Por qué no contestas?- Colgó. Esperó tres segundos. Marcó de nuevo. Buzón. -Papá…te tengo que contar algo malo. ¿Te acuerdas cuando me explicaste que lo que el tío William le había hecho a la tía Myriam era malo? ¿Que besarse con otras mujeres estaba mal? Hoy vi a mamá besarse con otro hombre. Te tengo que contar. ¿Por qué no contestas? Era Papá Noel. Mamá se besó con Papá Noel. Yo los vi y me volví loco. Me puse furioso. Pero me acordé de ti. Me acordé de lo que me dijiste. Fui a buscar lo que guardas en el clóset entre los libros. ¿Ves que yo sí te presto atención? Yo sabía que algún día iba a servir. Lo saqué y me acordé del día en que le disparaste a las latas. ¿Te acuerdas? Me enseñaste. Me enseñaste y me dijiste que esto era para emergencias. Esto fue una emergencia, ¿no? Lo que William le hizo a tía Myriam era algo terrible, ¿cierto?

¡David sal de ahí!– El grito vino acompañado de golpes constantes en la puerta. El niño empezó a llorar.

Papá, ¿dónde estás? No…no podía permitir que mamá se besara con Papá Noel. Entonces le hice lo de las latas. Me acerqué sin que me viera y apreté la palanquita esa. Me duelen las manos. Mi mamá no ha dejado de gritar y llorar. Tengo miedo. ¿Resolví bien la emergencia? Ven pronto.

Un par de sirenas se unieron al ruído de la casa. Pronto no era sólo la mamá de David quien tocaba la puerta. –Muchachito, sal, por favor– decía una voz masculina, fuerte. Los sollozos de la madre también se sentían junto a la puerta. David marcó una vez más. Buzón de voz.

-Papi te necesito. ¿Dónde estás? ¿Qué pasa? ¿Por qué no llegaste con Papá Noel?

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