Adiós

Si lo quieres escuchar en mi voz:

I

Te regalo este “poema”.

Es deshonesto, [como tú]

rencoroso, [como yo]

y sin sentido [como nosotros].

II

A petición de tu mirada,

lo publico.

Ahora todos pueden verlo,

sentirlo,

odiarlo.

“¡Mirad!” exclamarás,

“Le he roto el corazón a un intento de poeta”.

Reirán, con eso, tus hienas.

Dirán: “y mira como lloran sus palabras”.

“Que rídiculo”

“Que poco original”

Sonreirás,

morderás tus labios,

brillarán tus ojos y

reirás.

Serás feliz.

Habrás vencido.

Esta será la prueba.

Podrás decir,

también,

que este poema justifica

tu decisión.

Que son palabras simples,

vacías,

mediocres.

Que a este poema,

como a mí,

le falta ritmo,

elegancia,

sutileza,

coherencia,

belleza,

determinación.

Que solía insultarte,

asi como lo haré en el siguiente verso:

Te amo. Siempre te amaré.

III

Sembré en tu sonrisa mi ilusión.

Decidiste dar fruto en otros brazos.

Fui cabrón:

perdón.

Aún disfruto tu sonrisa,

tu cintura,

tus lágrimas sabor a miel,

tus suspiros multicolores,

tus insomnios compartidos

tus sueños escondidos.

Aún disfruto tu corazón,

lo poco que me queda de él.

IV

Que no quepa duda:

este poema es para ti.

Este es el tuyo, sólo tuyo.

Lleva tu nombre escondido por ahí.

No lo dedicaré a nadie más,

No lo regalaré en ningún lado.

Estas palabras, [como mi corazón]

son más tuyas que mías.

Ganaste.

Te marchaste.

V

Aquí quedan estas palabras,

por si me extrañas

o necesitas.

Aquí están estas palabras.

Su sueño es vivir contigo,

a tu lado,

por siempre.

A mi

ya no me busques.

Ando cazando poesías

bien lejos de ti.

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2 comentarios el “Adiós

  1. Este texto fue el último empujón que necesité para escribirle esto, Juan, para felicitarlo.

    Ya desde hace tiempo he visto el ritmo, la gama tan inmensa de cosas que usted puede llegar a escribir, y escribirlas bien.

    Hay algo en sus letras que me convence de que su pureza sigue así mismo; pura, y cuando eso sucede, a hombres como a mí no nos queda más remedio que sonreír entre dientes, contemplar a los otros que andan por esos mismos terrenos que frecuento, pero de manera tan distinta.

    Admiro esa fuerza para exponerse así, tan desprendida del miedo al miedo mismo.

    Yo, desde aquí, lo abrazo, como puedo.

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