[Tus] palabras

febrero 23rd, 2011 § 3 comentarios

Se perdieron, en tu ausencia,

sin amor ni paciencia;

Se ahogaron en lejanas

cinturas, como montañas.

Suicidas, descorazonadas

mintieron y repitieron,

con belleza y sin sentido,

lo que antes te susurraban.

Mis palabras no son mías,

ni de ellas, las cinturas.

Sigue leyendo

Pescando entre orgasmos a un príncipe azul

enero 11th, 2011 § Dejar un comentario

Nota, yo soy el escritor fantasma de este artículo publicado en Juntos [estamos]. Es basado en las experiencias de una amiga mía.

Soy una mujer muy sexual, y eso me ha traído problemas.

Problemas con mujeres, que me llaman perra y me desprecian sin tomarse la delicadeza de primero conocerme.

Problemas con hombres, quienes se acercan a mí con la única intención de…

Y sí, es cierto. Si ser una perra es acostarse con varios hombres y tener encuentros casuales donde el sexo es la única motivación, soy una perra. Y con orgullo.

Vale aclarar que no me meto con hombres que están en una relación. Si las mujeres me odian es porque ven el deseo en los ojos de sus chicos, pero no por un acto mío. A esos no les doy ni la hora. La confianza es la base de todo, y yo no tengo razones para interrumpir la felicidad de otras. Aunque, tema aparte, no entiendo cómo pueden estar, esas chicas que tanto me odian, con tipos que tanto me desean: claramente ellos no están tan dedicados como ellas. En fin.

No soy bonita, pero soy sexy. Descubrí que cuando te olvidas de los tabúes y disfrutas tu sexualidad, cambia la manera en que vives, la manera en que te ves. Te sientes más feliz, relajada, tranquila. Te mueves sin ataduras, sin precauciones encima. Ser libre, y sentirte bien con tu libertad, hace que brilles, y aumenta tu sensualidad. El mundo lo nota.

Lo que me lleva al otro problema. Una mujer abierta acerca de su sexualidad es como sangre para pirañas. Los hombres (1)hablan de ti [todos menos unos pocos, que suelen ser los que valen la pena] con sus amigos en términos no muy agradables; (2)asumen lo que quieran de ti y (3)se acercan a ti llenos de mentiras para meterse en tus pantalones.

No voy a decir que me molesta que me vean como un objeto para saciar sus deseos porque yo los veo a ellos [a la mayoría, al menos] de la misma manera. Por eso es necesario tener las cosas claras. Me acuesto con los que me parecen atractivos, o tienen algo sexy en su personalidad. Rechazo a los que intentan pintarme cuentos de hadas que sólo producen diabetes.

SIGUE LEYENDO

A poem in one line

enero 4th, 2011 § 1 comentario

I’d love for you to be the one to break my heart

Jkrincon

Comenta o difúndelo

La historia de dos personas que compartieron el camino momentáneamente

diciembre 24th, 2010 § 1 comentario

Mientras caminaban, juntos, fingiendo estar perdidos en sus propios pensamientos, ambos se preguntaban si esa sería la última vez que caminaban de la mano.

Varios años atrás un momento como aquel hubiese sido tildado de insensato, y desechado en el olvido para siempre. Eran tiempos más sencillos. Menos fastidiosos.

Manuel estudiaba la vida y el arte, que era una manera bonita de confesar que no hacía un carajo. Sofía estaba por graduarse del colegio, y se ahogaba en todas las güevonaditas propias de esa época. El hombre había cultivado, por varios años, una larga cabellera negra de aspecto repugnante. Sofía tenía unos rizos dorados calcados de una película de Disney. Es importante lo que tienen en la cabeza, -más allá de sus pensamientos-, pues fue en una peluquería donde se conocieron.

Alfredo, con sus rizos café y su elegante panza, estaba muy estresado. Ese día, justo antes de navidad, tenía que soportar a viejas arrugadas luchando por su atención y tiempo. Su salón, que, por cierto, era de verdad suyo, comprado a punta de tijeras y tintes para la vanidad descolorida de los cucuteños, no tenía espacio para un alma más.

“Yo llevo esperando todo el día”, le gritó una amable señora al peluquero, justo después de percatarse que Alfredo le había hecho señas a un joven recién llegado indicándole que lo atendería en cinco minutos. “Le tocará esperar, papito, usted entiende…” dijo la misma señora, mirando a Manuel que observaba desconcertado el caos del lugar.

“Pero…yo solamente…quiero raparme”, murmuró el muchacho. Su voz, sin embargo, se perdió en el insistente chuchicheo de los distintos grupos de mujeres. A su derecha estaba Alicita, amiga de toda la vida de su abuela, que le contaba a una señora algo acerca del doctor Eustaquio Rivera y su secretaria. A la izquierda habían tres señoras que sostenían la revista Caras y celebraban que la hija de una de ellas había salido allí. Al frente, al lado de Alfredo, estaba Cecilia, cuarentona de labios gordos y tetas operadas que le pedía una rebaja al dueño del lugar en el precio de las extensiones de cabello. Manuel vio una pequeña silla desocupada y corrió a sentarse.

“Me quitaste el único asiento disponible”, le dijo una voz al oído. Manuel, claramente fastidiado, preparó su discurso y se dispuso a responderle a la arpía que estaba detrás suyo, pero una visión lo detuvo en seco. Era Sofía que le sonreía juguetonamente (ella, por supuesto, ya había aprendido que la sonrisa de una mujer bonita compra más cosas que el oro mismo). “No se preocupe, yo me puedo sentar en el piso”, dijo ya adivinarán quién, que se levantó con un exagerado ademan y le cedió el puesto a la niña.

Sigue leyendo

Pero me queda tu sonrisa

diciembre 12th, 2010 § 2 comentarios

Cuando los obstáculos del camino han maltratado tu corazón, soy yo al que acudes.

Te veo venir y la emoción me embriaga. Con una sonrisa tranquila te llamo, pido que te apartes del camino; que descanses un momento. Tus heridas gritan; me cuentan del dolor en tu corazón. Presiento que el cansancio ha sobrecogido tus ideas. Quieres llorar.

Y lloras. Siembras tus lágrimas en mi pecho. Hablas mientras yo veo lo que dices en tus ojos. Amo tus ojos. Negros, vivos, profundos. Y ahora, mientras hablas, tienen formas. Imitan a tu verdugo, a tu corazón, a la indecisión, a la incertidumbre.

Te tomas tu tiempo. Te ahogas y te cuesta respirar. Te detienes en la mitad de las frases, suspiras, y continuas. Yo escucho y acaricio tu piel. Poco a poco van quedando, entre el humo de tus cigarros, los recuerdos más dolorosos. Hablas hasta que se te acaban las lágrimas.

Ahí es cuando entro yo y busco sonreír con mis palabras. Te digo lo que pienso de tu verdugo. Razono, contigo, sobre el camino a seguir. El sentido común se expresa fácil pero se sigue poco. Luego me pierdo en tus ojos, esa oscuridad en calma, y confieso tu perfección. Enumero tus virtudes y le doy solución a tus errores. Te hablo de esperanza, y de dolor, y de la vida, y del mañana. Te recuerdo la belleza de tu sonrisa y te ruego que la intentes esbozar. Lo haces, a regañadientes, mientras yo hago lo posible por hacerte reír. Cuento historias ridículas, abro mi corazón y regalo todo el cariño que hay en él. Te abrazo.

Y no te quiero soltar. Quiero que el mañana, tu mañana, sea a mi lado. Quiero que no estés conmigo sólo por no poder caminar, sino que hagas de mi vida tu hogar. Pero nadie se queda para siempre en el hospital. Cuando estás lista, con fuerzas, te vas. Me regalas una sonrisa y regresas al camino, lista para amar de nuevo, para herir y ser herida.

Entiendo que soy el curandero, la desviación momentánea. Me quedo atrás, viéndote marchar, con la dulce herida que tu sonrisa me imprimió en el pecho.

¿Quieres comentar algo?

Tu nuca sabor a lluvia

octubre 5th, 2010 § 2 comentarios

-Estoy muy dañada.

-¿Dañada? Es decir, ¿averiada?.

-Sí, dañada, averiada, broken, ¡como sea!- me respondió, impaciente y fastidiada. -¡Hay que ver las estupideces en las que te fijas!

-Me estoy fijando en ti.

No clavó su mirada en mi, a pesar de que era lo que yo pretendía. Desde hacía ya un tiempo no era digno de sus azules mentirosos y desgastados. “Azul es mi color favorito, y ella es mi mujer favorita” escribí en mi diario cuando la conocí, hace ya muchas peleas.

-Sí, bueno, todos lo estamos…averiados, quebrados, dañados, deprimidos.

Encendió un cigarrillo y suspiró. Le fastidiaba mi respuesta, que no le siguiera el juego. Odio que fume, me quitan las ganas de morder sus labios. No, miento, nada me quita las ganas de sus labios, ni siquiera el dolor que ha salido de ellos últimamente.

-Esto es lo que vamos a hacer…-su voz cambiaba de tono, ahora era dulce, serena -tú me vas a matar.

Llovía y ella apoyaba su humanidad desnuda contra la ventana. Observaba el vacío. Las gotas le salpicaban en el cuerpo, y yo las celaba porque la recorrían lentamente, disfrutándola, devorándola. ¡Que ganas de matarte a mordiscos, maldita!

-¿Cómo quieres que te mate?

-Ahógame

-¿En el olvido?

-No seas güevón, con la almohada.

-No sería capaz.

-Mariquita. Pero supongo que tienes razón, es muy lento y tú te arrepientes con facilidad.

Me acerqué sigilosamente, aunque no importaba. Hubiese podido haber gritado todo el camino que ella no saldría de su trance. La lluvia la hechizaba, la enamoraba, más de lo que yo alguna vez pude hacerlo. Rodeé su cintura con mis brazos y besé su nuca. Amo su nuca, podría vivir en ella. Pero creo que la amo porque es la puerta de entrada, el inicio de un camino que pasa por su espalda y se enreda en su cintura.

-Empújame- susurró.

-¿Qué?

-Empújame. Eso es rápido. Ya estás en posición. Sólo tienes que empujarme un poquito y caeré.

-Morirás.

-Seré feliz.

-No serás.

-Y aún así seré más de lo que soy hoy.

-No digas tonterías.

Sigue Leyendo.

Entre tanta desolación

octubre 1st, 2010 § 2 comentarios

Quería matar tu recuerdo quemando las cartas que me enviaste…pero todo lo hiciste por internet, así que quemé el computador.

Sí, no fue mi momento más brillante, pero ya no me quedan momentos brillantes. Ya sólo me queda nada, y un poquito de dolor. Sólo un poquito, el suficiente para extrañarte llorando.

Me da risa, porque todos me dicen que esto pasará, que vendrán tiempos mejores, mujeres hermosas, alegrías, y toda esa basura, pero no ha pasado. Y, honestamente, ya no me quedan ganas de esperar a que el tiempo y mi memoria se apiaden de mi corazón. Nunca he sido un hombre paciente, ese fue uno de mis problemas. Quería, y quería, y te pedía, y te pedía, y tú sólo me decías que esperara, que te diera tiempo, pero yo seguía presionando.

A veces pienso que es tu culpa. Bajaste mi guardia. Yo pretendía perderme por tus curvas una vez, y sólo una vez. Pero tú me hospedaste en tu corazón, y yo me amañé. Ese pedazo de cielo, de bondad. Fui feliz, y por eso estoy eternamente agradecido.

Pero partiste, tal y como lo prometiste. Y yo me quedé, con ganas de nada, buscando cartas para quemar, alimentando tu recuerdo con mis palabras.

Un pequeño relato

septiembre 25th, 2010 § 2 comentarios

El Kokoriko de la Avenida diecinueve con cuarta (?) es uno de los tantos locales que decoran ese caótico espacio de la ciudad. Se encuentra en la esquina de la cuadra, y desde allí se puede ver la manera en que buses, busetas, taxis, policías y carros particulares hacen maromas para no chocarse entre sí -y no matar a algún transeúnte-.

He almorzado allí los últimos dos miércoles. No he tenido mucha suerte con la comida, pero me encanta el ambiente del lugar. Unas enormes ventanas me permiten ver el caos de la 19 mientras me siento, cómodamente, a esperar mi almuerzo.

Todas las personas caminan rápido, serias, perdidas en sus problemas. El miedo, en algunos, es notable. Los estudiantes se aferran a sus mochilas, y sus ojos identifican los posibles asaltantes; los vendedores ambulantes gritan y se mueven para llamar la atención de sus posibles clientes; los indigentes ruegan por un minuto de atención; la policía patrulla descuidadamente.

Mis ojos, aquella vez, se concentraron en un señor. Tendría unos cuarenta años, y su perfil era amenazador. Trabajaba frente a Kokoriko, era el encargado de atraer clientes a un lugar donde vendían dulces y cigarrillos. Me asustó su ceño fruncido, y el hecho de que se moviera tanto de un lado para otro. Quiere atracar a alguien, pensé, y mi estado de ánimo cambió. Lo tensionante de vivir en Colombia es el estado de alerta que es recomendable tener. Desconfiar de todos es, en últimas, temerle a todos.

Sigue leyendo.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 316 seguidores