La reposición y la súplica como medios de impugnación en Colombia

octubre 25th, 2011 § Dejar un comentario

La reposición y la súplica como medios de impugnación en Colombia

Por Ángela Zorro y Juan Carlos Rincón

[Puedes descargar una versión en PDF de este artículo oprimiendo aquí]

En el presente trabajo haremos una exposición de la información pertinente a los recursos de reposición y súplica en el proceso civil colombiano.

Para esto, (I) haremos una pequeña introducción a la teoría de los medios de impugnación y la clasificación de los dos recursos objeto de estudio; (II) expondremos el recurso de reposición según su (a) finalidad, (b) procedencia, (c) trámite, (d) evolución histórica reciente y (e) su definición en el proyecto de código general del proceso; (III) expondremos el recurso de súplica partiendo de su (a) diferencia con el recurso de reposición, (b) finalidad y definición legal, (c) procedencia, (d) trámite, (e) evolución histórica reciente y (f) su definición en el proyecto de código general del proceso; (IV) Concluiremos con unas críticas al regímen actual. A lo largo de esto acompañaremos la teoría con jurisprudencia relevante para la comprensión del tema.

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Un partido melodioso

octubre 14th, 2011 § 1 comentario

Por Juan Carlos Rincón Escalante

“Siento una emoción muy grande porque es un momento muy especial…como si fuesemos la selección Colombia a punto de jugar una final”

Son palabras del director Mauricio Parra quien, momentos antes del inicio del evento, repasa con sus dirigidos el plan de acción. En el lugar, al mismo tiempo, las luces se prenden y apagan para comprobar su adecuado funcionamiento. Diana Pérez, organizadora de la logística, imparte órdenes a las trece personas contratadas para que todo salga bien esta noche. El público se acumula en la entrada. Se esperan 326 asistentes. La expectativa es evidente en el ambiente. Diez minutos antes del inicio, el director decide acabar la práctica. “La bendición” dice como despedida.

Inicia la serenata para cuerdas de Anton Dvorak y la tranquilidad se apodera del lugar. El público le presta total atención a las notas que provienen del escenario. Un hombre mayor cierra los ojos y alza el mentón para recibir la música.

Están en el auditorio B del edificio Mario Laserna de los Andes. El espectáculo es un concierto de la Orquesta de cuerdas Filarmonía, un grupo de músicos profesionales que solían pertenecer a la Orquesta sinfónica de Colombia y que se agruparon para no perder el vínculo con la música. Ya se habían presentado en la universidad en el 2009. Según Mónica Uribe, encargada de traerlos, fueron invitados de nuevo por ser “una Orquesta increíble con miembros de larga trayectoria”.

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La medianoche de la puta

septiembre 18th, 2011 § 4 comentarios

Estaba la puta, desnuda, sentada en su columpio favorito. Era de noche y la luna, igual de indiferente que el resto del universo, no le prestaba atención a la ilustre señorita que la observaba con melancolía. El frío era insoportable, pero la puta no lo sentía. Su piel estaba acostumbrada a no sentir.

Pensaba, la mujer, en su vida de prostitución. En la puta vida, que no es muy distinta a la vida de una puta. Observaba, al pensar, su sombra sobre el asfalto de aquel desolado parque. Lo único que le fastidiaba de aquel columpio era su ubicación: al lado del único poste de luz en toda la zona. Más allá de su sombra, todo era oscuridad. Y ella quería estar ahí, a oscuras, sin sombra, pero no podía abandonar su columpio. Llevaban encontrándose muchos años, a medianoche, antes de ella irse a trabajar. Él era el único que la escuchaba, que la arrullaba con su delicado mecer. Allí, en ese lugar, ella encontraba un pedacito de felicidad bajo la luna.

-Hola- dijo una voz que la puta sintió en su nuca. –Hola- respondió ella mirando hacia atrás. Se encontró con unos ojos azules, tímidos, que la observaban desde la frontera entre la luz del poste y la oscuridad. Con un gesto, la puta, lo invitó a acompañarla. El muchacho caminó mientras ella lo observaba con genuina curiosidad. Estaba, el pelado, vestido de negro. Tenía una larga gabardina que le llegaba hasta las rodillas, un pantalón elegante y zapatos de cuero. Su rostro era limpio y su pelo corto. La miraba, ahora, con cierto deseo.

-¿No tienes frío?- preguntó el muchacho. La puta sonrió. -¿Por qué, me darás tu abrigo?

-Si así lo deseas.

-No, muchacho, no lo necesito. Este es mi mejor abrigo- dijo mientras se pasaba un dedo por la piel de su pecho. El joven, alterado por tan seductor gesto, sintió que se le cortaba un poco la respiración. Ella soltó una carcajada y se meció un poco más fuerte en el columpio. -¿Qué haces en mi parque a medianoche?- preguntó la mujer. El muchacho bajó la mirada y caminó hacia ella. Cuando estuvieron cerca, se arrodilló para quedar a la altura de la señora sentada en el columpio. La miró y el azul de sus ojos se encontró con el desgastado café de los de la puta. –Vengo a matarte- le dijo.

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“Administrando justicia en nombre del pueblo…”

septiembre 1st, 2011 § Dejar un comentario

“Administrando justicia en nombre del pueblo…”[1]

-Antes de comenzar-, dijo el abogado Francisco Correa mientras acariciaba su prominente panza, recostado sobre una costosa silla de cuero. Acababa de zamparse una bandeja paisa bien jalada, de esas que tanto le gustaban. –Debo hacerle una pregunta fundamental, de la cual va a depender el resto del caso- añadió.

Ricardo se estremeció. Estaba muy nervioso. Llevaba un par de noches sin dormir. Los días no eran nada mejor: ansiedad, miedo, dudas. El caos había tomado posesión de su vida. No podía dejar de pensar en su situación. Miró sus manos, aún jóvenes y en buen estado, y se decidió a confesar su pánico. -Lo sé, doctor. Pero hay un problema, no sé si lo hice o no…no sé cuál es la verdad.

Francisco alzó la ceja y clavó sus ojos en Ricardo. –No, hombre, no- dijo, visiblemente irritado. –Me confunde usted con un mal abogado. Cuando yo llevo el caso, la “verdad” es irrelevante.

-¿P…perdón?- balbuceó Ricardo. No lo entendía. Su mayor preocupación era no saber la verdad. Quería saberla. Necesitaba saberla. No podía seguir existiendo sin tener clara su situación. La culpa se le aparecía en todas partes, lo carcomía lentamente.

-Sí, sí, ¿no sabía usted que no hay hechos, sólo interpretaciones[2]?- dijo el abogado con una sonrisa arrogante. Ricardo seguía sin entender, pero Francisco no tenía tiempo para perder. –Lo que me interesa saber, en realidad, es lo siguiente: ¿tiene usted dinero?

El cliente miró a su abogado intentando descubrir algún indicio de broma en su rostro. No lo encontró. El doctor Correa tenía un semblante rígido. Había cambiado su posición: ahora se apoyaba sobre la mesa, con los brazos como punto de equilibrio. Al parecer esa pregunta era fundamental. –Sí, doctor, soy millonario, aunque no veo como…

-¡No se diga más!- interrumpió Francisco. –Entonces tenemos un caso. No se preocupe por nada, yo me encargo de todo y le voy avisando en cuanto nos va a salir el problemita-. El abogado saltó de su silla, apretó fuertemente la mano de un perplejo Ricardo, y emprendió camino hacia la puerta de la oficina. Cuando iba llegando, Ricardo lo detuvo. -¿Doctor?- preguntó. –Sí, dígame, ¿en qué puedo servirle?-. -¿No le interesa saber de qué trata mi caso?-. Francisco soltó una carcajada que sonó a chirrido de marrano. Cuando logró controlarse, habló: -Sólo dígame el cargo que le imputan-. –Homicidio-. -¿A quién dicen que mató?-. –A un indigente que vivía diagonal a mi apartamento-. El abogado abrió los ojos de par en par y salió corriendo hacia Ricardo. Al tenerlo cerca, lo abrazó fuertemente. Con una lágrima escapándose por su mejilla, le susurró a su cliente: -¡Que buena noticia! ¡Me acaba usted de dar un regalo de navidad anticipado!-. Sin decir más, se despidió con una palmada en la espalda de Ricardo y salió de la oficina.

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Adiós

agosto 28th, 2011 § 2 comentarios

Si lo quieres escuchar en mi voz:

I

Te regalo este “poema”.

Es deshonesto, [como tú]

rencoroso, [como yo]

y sin sentido [como nosotros].

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Corto #1

julio 10th, 2011 § 1 comentario

Había una chica. Se marchó. Ahora hay un whisky doble.

¿Algo por decir?

El Derecho ES el poder

junio 16th, 2011 § 4 comentarios

Mi propuesta para la mesa 3 del Congreso es la siguiente: es fundamental que en Introducción al Derecho se estudie de cerca la realidad latinoamericana.

Para sustentar mi posición, voy a (1) explicar qué entiendo por “realidad latinoamericana”; (2) hablar de la relación entre esa realidad y el Derecho; (3) exponer cómo, en mi opinión, el Derecho debe ser visto como una construcción social y, por lo tanto, como el punto determinante en las relaciones de poder; para finalizar (4) concluyendo que introducir al Derecho debe implicar una introducción a la realidad latinoamericana.

¿La Gran América Latina?

Homogeneizar (mediante generalizaciones) es, siempre, un asunto muy delicado. Durante el proceso de abstracción, donde encapsulamos a un gran número de países bajo el mismo nombre (Latinoamerica), podemos ignorar las particularidades que definen a cada una de esas naciones. A simple vista, igualar a países como Colombia, Guatemala, Venezuela y Perú suena descabellado: después de todo, son nuestras diferencias las que fundamentan la existencia de fronteras.

Por lo anterior, aclaro que no creo que exista UNA realidad Latinoamericana que todos los países compartan.

Sin embargo, sería ingenuo obviar las similitudes. Países con corrientes políticas tan disímiles como Colombia y Venezuela se afrontan a los mismos problemas: ¿Cómo apróximarse a las reformas constitucionales? ¿Qué tanto poder otorgarle al ejecutivo? ¿Qué tan libre debería ser la libertad de prensa?

Si seleccionamos el problema de la libertad de prensa, por ejemplo, vemos que podemos relacionarnos con otros países: las chuzadas de Fujimori en Perú y del gobierno Uribe en Colombia; el cierre “legal” de canales de oposición en Venezuela; la presión constante de los Kirchner a los medios argentinos. Las apuestas constitucionales también implican problemas similares: la lucha Guatemalteca por reconocer los derechos de los indígenas después del genocidio de la década de los 80s es similar a la reparación de las víctimas que Colombia pretende implementar.

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Luna enamorada

junio 10th, 2011 § 1 comentario

La luna, celosa, espera con ansias el momento. Ha estado preparándose por un par de años. Controlada por los nervios y embriagada de tristeza, repite en silencio las palabras que ha prometido pronunciar. El olvido se acerca.

Uno podría pensar, sin miedo a equivocarse, que la luna, señorita tan preciosa y codiciada, no se permitiría sufrir por hombre alguno. A diario recibe poesías, escritas por amantes furtivos que las dedican a su caprichoso brillo, desde la tierra. Es admirada, anhelada, fuente de suspiros y sueños maravillosos. Ella es la travesía, el lugar que millones de intrascendentes humanos fantasean con visitar algún día.

Ella, sin embargo, es indiferente a las ilusiones humanas. De hecho, la tierra ya ha perdido su encanto. Lleva, nuestra ilustre protagonista, cerca de cuatro billones y medio de años cayendo, con suma elegancia, hacia el planeta azul. Tiempo suficiente para desencantarse de las distintas maravillas con las que la tierra ha buscado seducirla. Al principio, claro, no fue así: tierra y luna se enamoraron profundamente, y ambas se deleitaban con las particularidades de la otra. Un día, no obstante, la luna alzó su mirada más allá de la curvatura de su eterna compañera, y descubrió la magia que el resto del universo le presentaba. En ese momento, Luna perdió cualquier interés, mientras la tierra se encontró condenada a la melancolía de añorarla.

Cuando el universo se percató de poseer la atención de la muchachita, intentó conquistarla. Planetas, de distintas galaxias, convencían a las estrellas cercanas de que le enviasen mensajes y compañía al satélite natural de la tierra. La vida de la luna, entonces, se estrelló: cada tanto le llegaba el brillo de estrellas muy lejanas, hablándole del amor que por ella sentían en el resto del universo.  La señorita, muy amable, les permitía, a los mensajeros, que la acompañasen por un tiempo, pero nunca devolvía mensaje alguno.

En alguna ocasión, si la memoria no me falla, recuerdo haber visto que una estrella intentó, en su nombre y no en el de algún planeta, cautivarla. Luna le dedicó una sonrisa, de esas tan suyas que hechizan, y le dijo que entre ellos nunca podría existir amor. Al ver la decepción de la estrellita, Luna le dio un beso, y agregó: lástima que sólo seas el recuerdo de un corazón que hace muchos años pereció.

Entendí en ese momento, yo que he podido seguirla durante todo este tiempo, el dilema de la luna: está rodeada por el amor de sus admiradores, amor que ha viajado millones de años luz desde su lugar de origen, pero no les puede responder, pues entre cada mensaje pasan muchos años, suficientes para marchitar cualquier relación. La distancia es el principal enemigo del amor universal.

El romance entre el sol y la luna nació miles de años después del rompimiento con la tierra. Ya se conocían, desde el principio, y cada tantos años se encontraban de frente, pero hasta entonces habían mantenido su relación en un ámbito netamente laboral. En uno de esos encuentros, un sol particularmente radiante decidió coquetear un poco. “Me gusta tu brillo”, recuerdo que le dijo. La luna, un poco sorprendida por el comentario, le respondió con hostilidad: “Mi brillo no es mío, es tuyo, y lo sabes“.

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