Para los próximos 4 años
junio 20th, 2010 § Dejar un comentario

No me gusta Juan Manuel Santos. No me gustan sus métodos. No me gusta la gente que lo rodea. No me gusta la manada de políticos que sacrificaron su ideología para unirse a un gobierno de objetivos superficiales. No me gusta su picardía. No creo que su acuerdo de unidad nacional nos una. No me gusta que mienta en tonterías como lo de haber propuesto la zona de despeje. No me gusta la campaña que emprendió contra Mockus. No me gusta la actitud de “yo no fuí” que adquirió después de la primera vuelta. No me gustan sus “propuestas”. No me gusta su falta de transparencia (como en el caso de sus nexos con la empresa encargada de manejar nuestras elecciones). No me gustan sus nexos con los grandes conglomerados de medios del país. No me gusta que haya sacrificado su imagen para resguardarse bajo una enorme “U”. Dudo, muy a mi pesar, que sea la mejor opción para Colombia. Dudo, incluso, que sea una buena opción para el país.
No es una oposición por oponerme. No soy terrorista, ni político, ni un simple resentido. No desperdicio palabras con el simple propósito de quejarme y criticar.
No quiero que al gobierno entrante le vaya mal, eso sería querer que a Colombia le fuese mal, sería lo opuesto a lo que pretendo lograr con mis palabras, con mis argumentos, con mis pensamientos, con mis debates. Cuando me levanto, escribo, alzo la voz para que me escuchen y doy mi opinión, lo hago porque ese es mi aporte a construir una Colombia mejor, un mejor futuro para todos. Y si en este momento critico a Juan Manuel Santos y a su partido, lo hago porque genuinamente creo que el camino que nos propone no es bueno para Colombia.
Espero, de todo corazón, equivocarme. Me encantaría estar en cuatro años haciendo campaña por el hombre que arregló Colombia, que nos encaminó hacia una genuina unidad nacional, fundada en la prosperidad de nuestra democracia, de todos los colombianos. Aprovecho este espacio para desearle la mejor de las suertes a Juan Manuel y a su equipo. Compatriotas, no desperdicien el poder que se les ha otorgado, y no olviden la responsabilidad que tienen de trabajar para el pueblo, siempre con honestidad, transparencia y buena fe.
Colombia con cadena perpetua
junio 6th, 2010 § Dejar un comentario
Publicado originalmente en Censurados: Cero
Quiero que piensen lo que responderían a las siguientes preguntas: ¿qué los mueve? ¿qué los ayuda a no rendirse cuando cometen un error? ¿qué los invita a seguir buscando cuando tienen el corazón roto? ¿qué los lleva a buscar trabajo, a buscar ascensos? ¿qué los mantiene vivos? Todos ustedes han cometido errores, y apuesto que han tenido que vivir por tiempos, momentos difíciles, la pregunta fundamental es ¿qué los mantiene con vida?
Sin importar lo variadas que pueden ser sus respuestas, todas pueden ser resumidas en una poderosa palabra: esperanza. La esperanza es el motor de nuestras vidas. Esperamos que se presenten nuevas oportunidades, que podremos enmendar nuestros errores, que encontraremos un nuevo amor, que conseguiremos un nuevo trabajo, que sobreviviremos, esperamos, siempre, que vengan tiempos mejores. Es esa esperanza la que nos levanta, la que nos mantiene con vida, la que nos invita a cambiar lo que está mal y a seguir intentando.
Ahora, imagínense que los encierran en una celda y los condenan a permanecer en ella de por vida. Digieran esas palabras: POR EL RESTO DE SUS VIDAS. Una vez entren a la prisión, no volverán a salir. Lo único que les queda es esperar a la muerte. No vendrán tiempos mejores, ni nuevas oportunidades, ni nuevos amores. Alguien les ha arrebatado la esperanza.
Imagínense eso, han perdido cualquier motivo para vivir. No los han matado, han hecho algo peor: les han quitado el motor de sus vidas.
¿No les parece cruel? ¿no les parece que es una tortura? A mí me parece la peor tortura que puede existir. En mi opinión, condenar a alguien a vivir en prisión de por vida es convertirlo en un zombie, un muerto viviente sin corazón y sin razones para seguir en este mundo.
No estoy sugiriendo que la violación de niños, una atrocidad, no deba ser castigada. Sólo estoy pidiendo que entiendan la magnitud de lo que la cadena perpetua implica. Porque ustedes pueden decir lo que quieran, pero la cadena perpetua es torturar. En el nombre de la justicia y de los niños, ustedes pretenden encerrar a un ser humano para que espere su muerte; en nombre de la justicia, ustedes pretenden arrebatarle las esperanzas; en nombre de la justicia, ustedes están actuando con crueldad, están torturando.
Yo les pediría, a quienes defienden la cadena perpetua, que muestren un poco de misericordia y dejen de ser hipócritas: si lo que quieren es matar al violador, porque es lo que a largo plazo buscan -aislarlo de la sociedad hasta que se muera-, mejor hagánlo de una y busquen la pena de muerte (con cambio de Constitución incluido).
Mis argumentos por Antanas Mockus
mayo 27th, 2010 § Dejar un comentario
Publicado originalmente en Censurados: Cero

Estoy cansado de que nos estigmaticen y nos ofendan, a quienes vamos por Mockus, afirmando que hacemos parte de una moda y que no tenemos propuestas ni argumentos. Es triste que todos los candidatos hayan caído en el juego de despreciar y generalizar, simplificando el complejo mundo electoral.
De Juan Manuel Santos me lo esperaba, después de todo es una persona que ha demostrado cómo su obsesión por llegar a la presidencia lo mueve a utilizar cualquier medio para ser el nuevo residente del palacio. Que tristeza que haya quién cree en el discurso de un pícaro (en sus palabras) sin escrúpulos y sin respeto por la inteligencia de los colombianos. Lo mismo para el presidente que ha participado descaradamente en política. Lástima que aquí tenemos instituciones de papel y puestos otorgados por clientelismo.
Me entristece, sin embargo, ver como candidatos respetables se dejaron llevar por el mismo juego. Gustavo Petro, claramente ofendido por un descache de mi candidato -lo admito-, empezó a promover el “voto maduro” por él. ¿Eso en qué nos convierte a los demás? ¿en inmaduros? ¿de verdad?; Germán Vargas Lleras, y su cruzada contra el voto útil, es un intento desesperado por llamar la atención a una propuesta programática que es fuerte, pero que no debe ser vendida a costa del desprestigio del voto por los demás.
Mi voto es útil, pero no en la definición que da Lleras. Mi voto es útil porque servirá de capital para empezar a bombardear con oportunidades este país. A continuación me preparo a exponer mis argumentos para votar por Antanas Mockus, porque mi voto no es una moda, es una convicción fundada en propuestas que no sólo son serias, sino que son las mejores para dirigir nuestro país.
Seguridad democrática + legalidad democrática + bombas de oportunidades = ¡PAZ!
Hay dos problemas fundamentales en nuestro país: la violencia y la desigualdad. Ambos son puertas en nuestro conflicto armado. La puerta de salida ha sido fuertemente atacada por la seguridad democrática. Nuestra atención se ha centrado en sacar a guerrilleros del conflicto (muertos, capturados o desmovilizados) y hemos sido relativamente exitosos en esto (prueba de esto son los fuertes golpes a las FARC en los últimos años).
¡Escuchen, la frontera está llorando!
mayo 18th, 2010 § Dejar un comentario
Publicado originalmente en Censurados: Cero

Para entender por completo la idea de que colombianos y venezolanos somos hermanos es necesario vivir en Cúcuta. No conozco la situación en las demás zonas fronterizas, pero no me extrañaría si sucede lo mismo.
Viví 17 años en Cúcuta, la mitad de mi familia es veneca (y la mitad de esa mitad tuvo que huir de Venezuela por culpa del miedo que produce Chávez). Cúcuta es de Venezuela así como San Cristobal (ciudad fronteriza) es colombiana. Nos separa un puentecito por el cual, a diario, pasan miles de personas que nos convierten en la zona franca más activa de América Latina.
Intercambiamos mercancías, servicios, costumbres, sueños, historias, familias. En Cúcuta lo único que te diferencia de un venezolano es tú acento (insoportables ambos) y, quizás, la moneda con la que pagas. Ni siquiera la nacionalidad es una diferencia clara: la mayoría de los cucuteños poseen cédula veneca (pregúntenle a Chávez cómo sucedió eso).
Somos una familia, y estamos tan ligados que los números no son capaces de representar la dependencia que nos une. Sí, Venezuela es (o era) el segundo socio comercial de Colombia, pero permítanme humanizar un poco ese enunciado. Recientemente (unos cuatro años, si la memoria no me falla) construimos dos centros comerciales inmensos, y recibimos la inversión de empresas que antes ni se fijaban en nuestra ciudad (Mc’donalds, Home Center, Exito, Juan Valdéz, El Corral, Panamericana), gracias a que el bolívar (junto con los subsidios y la escasez) permite que nuestro mercado sea atractivo para los venecos. No en vano la Panamericana de Cúcuta fue la que más vendió hace un par de navidades.
A nivel de las personas la influencia es más notoria. Las peluquerías se nutren de venezolanos; los lustrabotas (quienes se han quejado a sobremanera en estas elecciones) tienen un negocio montado gracias a una gran afluencia de venecos; el centro de la ciudad se ve, por estos meses, vacío, pues sus mayores compradores son los del vecino país; los cucuteños podemos tanquear nuestros autos con tan sólo 5.000 pesos (monto que, como mucho, sube a 20.000). Hagámoslo más personal: mi madre (cabeza de familia) tiene un 60% de clientes del vecino país.
Y podría seguir, pero seria volverme redundante. Lo que importa es lo siguiente: Cúcuta y San Cristobal no son dos ciudades de países distintos, son una ciudad, una gran ciudad, hogar de hermanos que históricamente han sido vecinos amigables.
Kirguistán: el país que se disfrazó de base militar
abril 25th, 2010 § Dejar un comentario
Publicado originalmente en Censurados: Cero

¿Qué sabe usted de Kirguistán? Yo confieso que no tenía más que un vago recuerdo de haber aprendido su capital en una clase de geografía. Cuando leí que un golpe de estado se había presentado en aquel país, -el segundo en 5 años-, empecé a indagar un poco más al respecto, para encontrar que el cubrimiento ha sido escaso y que, al igual que yo, los periodistas tampoco saben mucho acerca de este país, suelen referirse a él como una importante base militar de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo.
Es obvio que para occidente lo único importante de Kirguistán es el choque constante entre Estados Unidos y Rusia por tener el apoyo del gobierno de turno. Ambas potencias tienen presencia militar en ese país, convenientemente situado como frontera de China, y siempre han existido pugnas por expulsar la influencia del otro: Estados Unidos quiere tener más espacio para su lucha contra el terrorismo, Rusia no se siente cómodo con tener presenciar militar gringa tan cerca a su terroritorio.
Pero Kirguistán es mucho más que una base militar, que un peón en el ajedrez de la dominación mundial. Es un país de 5 millones de habitantes que no ha podido recuperarse económicamente de la fallida unión soviética, cuya democracia ha sido una ilusión para garantizar la corrupción y cuyos sueños han sido aplastados por líderes egoístas que han traicionado los ideales de la revolución.
No seas malvada, China
marzo 27th, 2010 § Dejar un comentario
Publicado originalmente en Censurados: Cero
Los derechos no son derechos si te los pueden quitar, son privilegios.
George Carlin
Fundé esta página porque creo firmemente en que la base fundamental de nuestra sociedad es la idea de que las palabras son más poderosas que la espada.
Vivir sin libertad no es vivir, es sobrevivir. Un ser humano es prisionero si sus palabras son censuradas, si la información se le oculta, si no tiene la oportunidad de escuchar lo que otros piensan, si no puede elegir lo que cree, si no puede pensar por su propia cuenta.
Pero un hombre libre es peligroso, puede empezar a dudar, puede empezar a preguntar, puede darse cuenta de que el orden establecido puede no ser el mejor para su país, para su libertad, para vivir. Un idiota es más práctico para aquellos que están en la cima.
Al gobierno no le importas tú, ni tus hijos, ni tus derechos, ni tu bienestar, ni tu seguridad. Sólo le interesa su propio poder, es lo único: mantenerlo y aumentarlo hasta donde sea posible.
George Carlin
¿Cuánto vale la voluntad popular?
febrero 6th, 2010 § Dejar un comentario
Mi artículo de esta semana en Censura20.com
Por Jkrincon
Hablemos de fútbol.
Supongamos que Colombia está jugando la final del mundial (¡ja!) y el partido está empatado. De repente, en el último minuto, un jugador del equipo contrario agarra el balón con las manos, sale corriendo y se mete al arco colombiano (con todo y balón); el arbitro declara que fue un gol legítimo y da por terminado el partido. Colombia pierde el partido mientras todos vemos con las bocas abiertas como el equipo contrario celebra su “victoria”.
¿Qué no cuadra en lo que les acabo de decir? (aparte, por supuesto, de la idea de que Colombia esté en la final de un mundial)
¡Ese gol no vale! ¡Hay reglas! ¿Cómo van a permitir un gol con la mano? ¿cómo van a permitir que un jugador recoja la pelota y la lleve en brazos hasta la otra portería? ¡¿están locos?!
Sin duda ese gol no valdría porque hay una regla clara que dice que el balón no se puede tocar con las manos a menos que sea en determinadas circunstancias (un saque de banda, o que lo haga el arquero dentro de su área). Y, ¿para qué sirve esa regla? ¿para qué tenemos reglas básicas antes de empezar el juego?
Esa regla existe para garantizar un punto de partida igual entre los dos equipos, para equilibrar, en cierta manera, las cargas. Hay límites en lo que cada uno puede hacer, y así garantizamos que ambos están en igualdad de condiciones y que sólo ganará el más habilidoso (o, como suele pasar en el fútbol, el que más suerte tenga).
Igual que el fútbol, la vida en sociedad y la democracia poseen una estructura de reglas básicas que permiten equilibrar las cargas entre las clases sociales.
La decencia de Obama y su costo político
enero 22nd, 2010 § Dejar un comentario
Mi artículo más reciente en Censura20.com
Por Jkrincon
En mi familia la palabra “político” es grosería, una vulgaridad. Desde que tengo memoria me han dicho que los políticos son corruptos, groseros, unos depredadores desalmados que hacen lo que sea por mantener una imagen superficial. La política de ideales que vende nuestra educación elemental al hablarnos de democracia, me enseñaron, es puro opio para las masas, una ilusión.
Crecí y comprobé que, si bien no todos los políticos son despreciables, la política es un sistema que está diseñado para corromper. Nuestra democracia depende de besar c*los, sacrificar ideas, realizar favores y recibir dinero de dudosa procedencia que termina condicionando el plan a desarrollar una vez el candidato es elegido.
Y en Estados Unidos es lo mismo, incluso peor.
El sistema político es bipardista, es decir: o sós rojo, o sós azul, o sós nadie (con las contadas excepciones de unos cuantos independientes que logran llegar al congreso y a puestos inferiores).
A su vez, estos dos partidos son financiados por inversiones de cientos de empresas del sector privado, los denominados lobbyists. Es así como, por ejemplo, los republicanos reciben grandes donaciones de las empresas que apoyan el libre porte de armas, y los demócratas, ayudados por el millonario Al Gore, reciben donaciones de empresas del sector verde que necesitan un cambio en la política energética de USA para ver florecer sus negocios.
Las empresas pagan por la publicidad de los candidatos (la cual, eventualmente, se transforma en votos) para poder imponer su agenda una vez los políticos estén ejerciendo sus cargos. Siempre ha sido así, y parece que siempre será así.
¿Monte adentro hay salamandras?
noviembre 27th, 2009 § Dejar un comentario
Por Jkrincon

La guerra interna colombiana es brutal. Ha sido brutal desde sus modestos inicios hace ya muchos años (¿será que la guerra superará la expectativa de vida de un colombiano promedio?) y actualmente se ha recrudecido gracias a la mano firme del presidente Uribe (o de los colombianos, o de las mayorías, o como prefieran ustedes generalizar, yo ya me cansé de las distinciones que nos polarizan).
Es redundante decir que estamos hastiados, que queremos la paz. Hemos marchado, hemos armado campañas, elegimos a un presidente (sí, yo era uribista, lo confieso) cuya promesa más fuerte era liberarnos -a las malas- de ese tumor que no nos ha dejado ser país.
Ahora, lo que me parece muy curioso es que, a medida que pasan los años, nuestras ansías de sangre crecen: estamos convencidos de que este conflicto se acabará militarmente (idea reforzada por el humillante fracaso del proceso de paz de Pastrana). Pero, como decía Nietzche ,“Las convicciones son más peligrosos enemigos de la verdad que las mentiras”.
No voy a dar más vueltas, lo que quiero decir se resume en un viejo y popular adagio: el que a hierro mata, a hierro muere.