It’s bad for ya!
Marzo 4, 2010
La profesora de Hermenéutica (Semestre 2009-2) nos propuso un reto en clase. Su propuesta era bien interesante y consistía de tres fases: (1)escoger una frase, un párrafo o algo que, para nosotros, represente lo que es el Derecho (cada estudiante podía escoger su definición favorita); (2)con la definición de nuestra escogencia en mente, debíamos buscar fotografías (de Colombia) que representaran esa definición. Algo así como el Derecho en acción; (3)una vez hubiesemos encontrado las fotos, debíamos elaborar una opinión: ¿se aplica esa definición de Derecho en la realidad?.
Desde la propuesta de mi profesora yo sabía cuál definición del Derecho iba a usar: George Carlin. El comediante, en palabras sencillas, hace una crítica devastadora al sistema de derechos que tanto profesamos.
Aquí les presento mi trabajo. Empecemos con lo que dice Carlin sobre el Derecho (vean a partir del minuto 2:28, aunque les recomiendo todo)
Ahora las fotografías y la opinión.
¡Es malo para tí!
ARTICULO 11(C.P.91). El derecho a la vida es inviolable

15.250 asesinatos en 2008[1]
67 asesinatos de indígenas en lo que va corrido del año[2]
El misterio de Pandora.
Marzo 1, 2010
Nota: este es un ensayo que redacté con mi amigo Camilo Millán, fue nuestro parcial de Historia de las Instituciones. La idea era tomar los sucesos de Pandora como hechos reales y hacer una crítica a la manera en que James Cameron hace historia, redactando el ensayo como si fuese a ser publicado en una revista especializada de cine.
El misterio de Pandora

Lo sucedido en la luna de Pandora no está claro. Lástimosamente, la única fuente que poseemos los humanos para conocer los incidentes recientes es la versión del historiador James Cameron, por eso es necesario realizar un análisis histórico de la versión del historiador para comprender un poco más lo acontecido.
Si bien la historia propuesta por Cameron es emocionante y ha llamado la atención de millones de personas, tememos que el historiador incurre en graves errores que distorsionan lo acontecido y nos genera grandes dudas acerca de la credibilidad. ¿Es la visión de Cameron la más próxima a la realidad?
Como los lectores de esta revista son conocidos por su amplio conocimiento en cine, y ya que la película es la más vista en toda la historia[i], sólo haremos un pequeño recuento de la visión de Cameron, con la promesa de que más adelante nos detendremos en momentos puntuales.
El historiador nos cuenta que los humanos invadieron Pandora en busca del mineral unobtainium[ii] pues es muy codiciado en la tierra (pagan 20 millones el kilo) y es muy abundante en la luna de la que hablamos. El problema radica en que la principal fuente del mineral se encuentra bajo un árbol sagrado, hogar de los nativos denominados Navi. Si bien hay intentos humanos por encontrar una salida diplomática (a través de los asombrosos Avatar), la impaciencia sale victoriosa y los humanos deciden hacer lo que mejor hacen (al menos eso parece ser el mensaje del historiador): destruir. El resultado es una guerra en la cual un grupo pequeño de humanos se alían con los nativos y logran vencer al enorme operativo militar humano, salvando así el territorio Navi y expulsando a los codiciosos invasores.
Es, sin duda, una gran historia de valentía, unión y resistencia contra unos humanos opresores, codiciosos y arrogantes.
Sin embargo, y como pretendemos demostrar en este ensayo, Avatar, como narración de un hecho histórico, es una forma herrada de hacer historia, puesto que cae descaradamente en el mito de los orígenes y el maniqueísmo, situación que genera un desconocimiento del verdadero proceso que se dio en Pandora.
Para reflejar nuestro desacuerdo frente a la forma como en Avatar se hace historia, hemos construido una herramienta analítica basada en las críticas a las distintas formas de crear historia que han planteado François-Xavier Guerra[iii] y Josep Fontana[iv]. Esta herramienta se basa en dos puntos (que explicaremos con detalle más adelante): (1) Observar si la versión histórica incurre en el error del mito de los orígenes, es decir, en la necesidad de generar una identidad y una historia “épica” para lograr el orgullo y la cohesión del grupo; (2) Analizar la presentación de los personajes para ver si son maniqueistas, es decir, se identifican muy fácilmente en la dicotomía de “buenos” contra “malos”.
Empecemos, pues, nuestro análisis.
Whatever works.
Febrero 14, 2010
¿Cuánto vale la voluntad popular?
Febrero 6, 2010
Mi artículo de esta semana en Censura20.com
Por Jkrincon
Hablemos de fútbol.
Supongamos que Colombia está jugando la final del mundial (¡ja!) y el partido está empatado. De repente, en el último minuto, un jugador del equipo contrario agarra el balón con las manos, sale corriendo y se mete al arco colombiano (con todo y balón); el arbitro declara que fue un gol legítimo y da por terminado el partido. Colombia pierde el partido mientras todos vemos con las bocas abiertas como el equipo contrario celebra su “victoria”.
¿Qué no cuadra en lo que les acabo de decir? (aparte, por supuesto, de la idea de que Colombia esté en la final de un mundial)
¡Ese gol no vale! ¡Hay reglas! ¿Cómo van a permitir un gol con la mano? ¿cómo van a permitir que un jugador recoja la pelota y la lleve en brazos hasta la otra portería? ¡¿están locos?!
Sin duda ese gol no valdría porque hay una regla clara que dice que el balón no se puede tocar con las manos a menos que sea en determinadas circunstancias (un saque de banda, o que lo haga el arquero dentro de su área). Y, ¿para qué sirve esa regla? ¿para qué tenemos reglas básicas antes de empezar el juego?
Esa regla existe para garantizar un punto de partida igual entre los dos equipos, para equilibrar, en cierta manera, las cargas. Hay límites en lo que cada uno puede hacer, y así garantizamos que ambos están en igualdad de condiciones y que sólo ganará el más habilidoso (o, como suele pasar en el fútbol, el que más suerte tenga).
Igual que el fútbol, la vida en sociedad y la democracia poseen una estructura de reglas básicas que permiten equilibrar las cargas entre las clases sociales.
La decencia de Obama y su costo político.
Enero 22, 2010
Mi artículo más reciente en Censura20.com
Por Jkrincon
En mi familia la palabra “político” es grosería, una vulgaridad. Desde que tengo memoria me han dicho que los políticos son corruptos, groseros, unos depredadores desalmados que hacen lo que sea por mantener una imagen superficial. La política de ideales que vende nuestra educación elemental al hablarnos de democracia, me enseñaron, es puro opio para las masas, una ilusión.
Crecí y comprobé que, si bien no todos los políticos son despreciables, la política es un sistema que está diseñado para corromper. Nuestra democracia depende de besar c*los, sacrificar ideas, realizar favores y recibir dinero de dudosa procedencia que termina condicionando el plan a desarrollar una vez el candidato es elegido.
Y en Estados Unidos es lo mismo, incluso peor.
El sistema político es bipardista, es decir: o sós rojo, o sós azul, o sós nadie (con las contadas excepciones de unos cuantos independientes que logran llegar al congreso y a puestos inferiores).
A su vez, estos dos partidos son financiados por inversiones de cientos de empresas del sector privado, los denominados lobbyists. Es así como, por ejemplo, los republicanos reciben grandes donaciones de las empresas que apoyan el libre porte de armas, y los demócratas, ayudados por el millonario Al Gore, reciben donaciones de empresas del sector verde que necesitan un cambio en la política energética de USA para ver florecer sus negocios.
Las empresas pagan por la publicidad de los candidatos (la cual, eventualmente, se transforma en votos) para poder imponer su agenda una vez los políticos estén ejerciendo sus cargos. Siempre ha sido así, y parece que siempre será así.
Ojalá que no te acordés de mi.
Diciembre 26, 2009
Mi muerte fue magistral, un espectaculo. No fue aburrida como la de aquellos que yacen en una cama y se despiden de este mundo entre sueños e incoherencias; ni tan poco climática como la de quienes son seducidos por la muerte que les atraviesa una disparo en el corazón (cualquier similitud con el amor no es coincidencia).
Después de un violento forcejeo con el viento obtuvimos nuestra última victoria, penetramos las líneas del ejército gris que combatía con infalible determinación, y el avión, como recién nacido, saltó imponente para presenciar el paisaje más hermoso de todos, un desierto de nubes, y en el horizonte al viejo sol…yo sólo podía imaginarme, con sorprendente serenidad, como se vería la escena de perfil: el avión parecía una bailarina, dando la última voltereta antes de clavarse en un mar de eternidad, la pirueta perfecta, delineando la curvatura del sol, la perfección del momento, la calma antes de la tormenta.
Todo estaba en un silencio perfecto, ni los pensamientos se escuchaban, todos mirabamos, nos deleitabamos con ese instante de perfección, parecía que el tiempo se hubiese sentado a observar ese momento con nosotros, fue un instante, uno chiquito, que nos sirvió como la mejor de las despedidas, el mundo mostrandonos su belleza por última vez, por primera vez.
Y entonces, el colapso, el inicio del fin, del gran final, la tormenta. Y vaya tormenta la que se desató.
Dios probablemente estaba mirando la escena, el mejor entretenimiento que su perversa creación presentaba esa tarde.
Las explosiones de los motores, dos, marcaron el inicio de la maravillosa y frenética música de fondo. Todos gritaban mientras sus pensamientos los atropellaban, pero eran gritos melodiosos, acordes con el momento. Un bebé empezaba a llorar. Otro le hacía coro. A mi lado respiraban agitadamente, contado los suspiros. Las pestañas sonaban, tenían un sonidito peculiar cuando se juntaban con la humedad de los ojos. Yo sólo sonreía, disfrutraba del vertigo en mi estómago, y, por supuesto, pensaba en ti. Caíamos libremente, o mejor, secuestrados por la gravedad.
Cuatro días, cuatro historias.
Diciembre 13, 2009
En el 2006, el colegio Calasanz de Cúcuta introdujo una sub-clase en el curso de Lengua Castellana: periodismo. Como trabajo final debíamos realizar un vídeo que mostrara algún tipo de problemática. Un grupo de amigos y yo decidimos hacer un dramatizado de cuatro días en la vida de cuatro adolescentes (cada uno personalizado por nosotros).
Las últimas palabras.
Diciembre 11, 2009
Hace mucho no encontraba el tiempo necesario para escribir, y creo que soy víctima de ese abandono al espejo –porque, no sé si lo sepáis, pero el mejor espejo del alma son las palabras, escribir es como dibujar nuestro propio reflejo, sólo que un poco más elaborado-.
Las palabras, que antes nacían como crías de conejos, encuentran hoy problemas para lograr que unas cuantas letras se junten, voy a paso de tortuga, según parece, el tiempo deja estéril hasta a las palabras…¿habrán inventado el viagra para los novelistas?
Apuesto a que nadie se preocupa por la suerte de estos pobres infelices, y no los culpo…es decir, ¿cómo pretender que ellos entiendan una impotencia que sólo se conoce al haberle dedicado toda una vida a las palabras? Miento, se le puede dedicar toda una vida a las palabras y no terminar estéril, se necesita más que eso, se necesita haber probado de todo.
Es algo similar a lo que pasa con el hombre: los que llegan acostados a sus años de madurez han recorrido un camino de vicios y extra-limitaciones que terminan por desgastar su cuerpo (y, especialmente en este caso, su virilidad).
Por eso es que sólo algunos escritores ven como sus palabras pierden fuerza y a las letras les cuesta encontrar coherencia (¡y ni pensar en exigirles pasión!). Para llegar a ese punto de impotencia, hay que pasar por todos los vicios que un prepotente como yo ha probado: la escritura automática, la poesía (con rima, sin rima, consonante, disonante, romántica, realista, dedicada, asesina, alejandrina y sin orden aparente), la política (que se empieza a escribir con la izquierda pero pone al lado derecho del cerebro a funcionar), la novela (larga, corta, en trilogía, en servilletas), el cine (guiones vendidos, otros quemados y otros plagiados), los blogs (de actualidad, de historicidad, de relevancia, de irrelevancia), y, finalmente, el porno meta-físico.
¿Monte adentro hay salamandras?
Noviembre 27, 2009
Por Jkrincon

La guerra interna colombiana es brutal. Ha sido brutal desde sus modestos inicios hace ya muchos años (¿será que la guerra superará la expectativa de vida de un colombiano promedio?) y actualmente se ha recrudecido gracias a la mano firme del presidente Uribe (o de los colombianos, o de las mayorías, o como prefieran ustedes generalizar, yo ya me cansé de las distinciones que nos polarizan).
Es redundante decir que estamos hastiados, que queremos la paz. Hemos marchado, hemos armado campañas, elegimos a un presidente (sí, yo era uribista, lo confieso) cuya promesa más fuerte era liberarnos -a las malas- de ese tumor que no nos ha dejado ser país.
Ahora, lo que me parece muy curioso es que, a medida que pasan los años, nuestras ansías de sangre crecen: estamos convencidos de que este conflicto se acabará militarmente (idea reforzada por el humillante fracaso del proceso de paz de Pastrana). Pero, como decía Nietzche ,“Las convicciones son más peligrosos enemigos de la verdad que las mentiras”.
No voy a dar más vueltas, lo que quiero decir se resume en un viejo y popular adagio: el que a hierro mata, a hierro muere.
Sueño las fantasías que sólo ciertas sonrisas comprenden, suspiro esos momentos que mi mente recrea con ilusión, canto las canciones que defienden mi causa y juegan con la poca esperanza del pesimista…escribo, escribo porque es lo único que tengo de ti: mis palabras describiéndote.




