¿Por qué estudiar Derecho?

Sergio Urrego

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Alba Reyes está sentada en una oficina que parece tres en una. Apoya sus brazos sobre una mesa redonda. Frente a ella están dos mujeres de semblante amable y preocupado. Son investigadoras del CTI. A su lado está su mejor amiga. Al otro costado, diagonal, estoy yo. La veo desgarrarse. De nuevo relata el suicidio de su hijo, Sergio Urrego, y la cadena de abusos, discriminaciones e intransigencias que lo precedieron. Otra vez, como tantas veces en las últimas semanas, se quiebra, tiembla, se apoya en los silencios para recuperar lo poco que puede de su compostura, y sigue. Cada tanto se detiene, pero no por dolor sino por duda, y me mira. Yo le hablo a sus ojos y asiento. Ella asiente también y continúa su lucha por reivindicar la memoria de su hijo, el buen nombre de su familia, y apaciguar un poco la desazón que produce la injusticia del odio irracional.

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Acerca de estos anuncios

“¿Me regala un minuto, amigo?” Comprar tiempo en la gran ciudad

Minutero en Bogotá

Por Juan Carlos Rincón Escalante

(Artículo publicado originalmente en el Humboldt Magazin)

Quien se detiene un momento en Bogotá puede escuchar el sonido de la ansiedad. 7.776.845 personas conviven diariamente y se pierden en serpientes interminables de camionetas, autos particulares, taxis, buses rojos y azules, motos, bicicletas y peatones que creen que son autos. Pero ese número no refleja la individualidad, cada una de las historias que comparten el mismo temor: la falta de tiempo.

“Todo el mundo cree que puede hacer trampa”, dicen los veinticuatro años de experiencia como taxista de Jorge Lemus. “Creen que uno puede atravesar la ciudad en diez minutos”. Pero cuando, después de unos minutos en el tráfico donde lo único que se mueve es el tiempo y, ocasionalmente, el viento, se dan cuenta de que les espera por lo menos una hora de no hacer nada, desesperan. “Algunos empiezan a pegarle suavecito al vidrio, otros a mover el pie, a respirar duro. Los menos sutiles me insultan por no pasarme un semáforo en rojo, pero si lo hago y la policía me multa, ellos se bajan tranquilos con su prisa y a mí me dejan el problema”, dice Lemus. El problema es simple: en la gran ciudad, nadie tiene tiempo.

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Las veces que no he muerto

Depresión

Por Juan Carlos Rincón Escalante

En algún punto la palabra depresión se volvió banal. A momentos de tristeza, desgano o simple aburrimiento se les bautizó con ella. “Estoy deprimido” parece ser el lema indiscutido y preferido de una generación, mi generación, que no sabe lo que dice ni tiene interés por cuestionar sus propios discursos. Entonces surge un problema: nadie toma en serio al “deprimido”, ni siquiera él mismo. Lo que debería ser entendido como un desesperado grito de auxilio, se convierte en una exteriorización de caprichos.

Lo grave es que la depresión, la enfermedad, ese misterio que te destruye poco a poco hasta que, de un totazo, te apaga la vida, existe. Y no es banal. Y no es inusual. Y necesita atención, comprensión y ayuda de todos en la sociedad. Pero aún no la entendemos muy bien.

Por eso, cuando alguien intenta articular sus sentimientos confusos, la pregunta suele ser la misma: “¿qué pasó?” Lo que de entrada predispone a la persona triste porque anuncia un juicio de valor: voy a juzgar los motivos para que estés así. ¿Y si no hay, como suele pasar con la depresión, motivos tangibles? Abunda entre las personas la idea de que si alguien lo tiene todo en la vida (ustedes me dirán qué carajos significa “todo”), no tiene derecho a deprimirse. La noción de que sólo sufren los que “de verdad” sufren censura las tristezas menos “valiosas” y, en últimas, termina matando gente o, cuando menos, condenándolas a ser miserables en silencio.

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Uribe debe aprender del Polo

Álvaro Uribe

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Álvaro Uribe y el Centro democrático deben entender que hacer oposición no tiene los mismos lujos que gobernar. Cuando se tiene el poder de las mayorías y se ocupa la Presidencia, las arbitrariedades se pueden disfrazar con mayor facilidad y al irrespeto a la Constitución y las instituciones se le puede llamar “reformismo” sin mayor atisbo de vergüenza. Cuando se es minoría, sin embargo, ser arbitrario e irrespetuoso con la institucionalidad equivale a perder legitimidad pública y, además, a convertirse en un blanco fácil. Es injusto, sí, y el país sufre por eso, sí, pero esas son las reglas con las que tiene que jugar cualquier oposición que tenga vocación de poder. Por eso Uribe debe dejar las mañas presidenciales y aprender de los errores y aciertos del Polo Democrático.

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Un beso no es un crimen

Gay Love

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Un beso no es un crimen. Un beso es un beso. Parece obvio, pero la semana pasada un policía intentó retener a una pareja por besarse en un parque. Adivinen: ¿la pareja era homosexual o heterosexual?

Acertaron. ¿Y saben por qué? Porque nadie conoce un caso de una pareja heterosexual siendo retenida por darse besos en público. Cuando mucho habrán recibido el siempre coqueto “páguele cuarto”, pero jamás un reclamo formal, y menos una amenaza policial. Las parejas hetero que se besan en los centros comerciales y en las universidades y en los parques y en los bares y en todos los espacios públicos pasan desapercibidas.

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La depresión es un juego

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Reseña de Depression Quest

Por Juan Carlos Rincón Escalante

(Publicada originalmente en la revista Vice Colombia)

¿Cuál es un buen argumento para matarse? No lo tengo, pero mientras jugaba Depression Quest, no lo necesitaba. Esa es la condena: no pasa algo particular. Son un montón de cosas diminutas que están mal y que van formando una torre de ladrillos sobre el pecho hasta que se hace imposible respirar. Es también un odio irracional —y aún así perfectamente justificado en mi mente— hacia todo lo que soy y represento. Es la incapacidad de socializar, de compartir ese mundo que los demás parecen recorrer con tanta facilidad. Es sentirse inferior y dudar de cualquier gesto amable. Es —en un buen día— vivir en piloto automático o —en uno de los peores— no poder levantarse de la cama. De eso trata Depression Quest.

Depression Quest (algo así como La aventura de la depresión) es un juego gratuito a base de texto, unas pocas imágenes y sonido. El juego propone una experiencia. Sus creadores quieren que los enfermos de depresión vean que no están solos, y que quienes no la sufren puedan entenderla mejor. Antes de empezar advierten que es mejor ir con cuidado. No es en vano: la primera vez que lo jugué, tuve que detenerme. Me sentí identificado con un par de descripciones y con la sensación de ahogo que genera su puesta en escena.

Hay que jugarlo, así sea por la curiosidad de entender cómo es la vida cuando uno sufre la pesadilla de que el cerebro se convierta en el más grande enemigo personal.

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El discurso del héroe caído

Donald Rumsfeld

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Donald Rumsfeld es el rostro de Afganistán, Irak y Guantánamo, los colosales fracasos con que Estados Unidos arrancó este siglo. Dependiendo de a quien se le pregunte, ese rostro representa dolor (para las víctimas), traición (para los líderes y ciudadanos que respaldaron una guerra de motivos engañosos), carga política (para los republicanos que aún no se recuperan) o, en síntesis, algo vergonzoso. Pero en “The Unknown Known”, un documental donde Errol Morris lo entrevista en extenso, el ex secretario de Defensa del gobierno Bush se muestra tranquilo, alegre. Hasta satisfecho.

Esta columna fue publicada en El Espectador. Oprima aquí para seguirla leyendo.

La triste trivialidad del placer

Uma Thurman en Nymphomaniac, Vol. 1

Reseña de Nymphomaniac Volumen 1

Por Juan Carlos Rincón Escalante

El escándalo estaba programado. Una película sobre una ninfómana (¡existen!), dirigida por el polémico Lars von Trier y con una duración superior a cinco horas, no tenía otra opción que venderse con rebeldía y algo de arrogancia. Pero quedarse en la bulla superficial no es justo. La verdad es que promocionaron a punta de sexo una película sobre la tristeza y la trivialidad de existir. El resultado es un retrato abrumador que propone un espejo para que veamos la ridiculez de nuestros deseos, y pensemos en masturbarnos mientras lo hacemos. Eso también estaba programado. Todo es marketing.

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Carta de amor prohibido a Enrique Peñalosa

Enrique Peñalosa

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Enrique:

Confieso que compartimos un sueño. Yo también creo que la base de un país más igualitario es un espacio público digno y compartido, donde uno pueda caminar o andar en bicicleta sin el peso de la paranoia que cada colombiano interioriza para sobrevivir nuestras ciudades. Me emociona la idea de invertir en la felicidad de todas las personas, de devolver el espacio al pueblo.

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Uribe y la baja autoestima colombiana

Álvaro Uribe

Por Juan Carlos Rincón Escalante

Si Álvaro Uribe no es criminal, es incompetente. Supongamos que es cierto lo que dice y todos los delitos que ocurrieron durante su Gobierno fueron sin su conocimiento. Aún así, que hayan ocurrido es suficiente argumento para saber que Uribe es un líder inepto. ¿De verdad tenemos tan baja autoestima como país como para no exigirle responsabilidad política a nuestros dirigentes?

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