Un estado en Facebook es insuficiente
enero 22nd, 2012 § Dejar un comentario
La industria del entretenimiento parece creer que sus clientes somos una manada de criminales desalmados sin el más mínimo respeto por el valor del contenido que consumimos. Cree que sólo nos interesa la gratuidad y que internet, tan anarquista e incontrolable, no es más que un simple mercado negro de piratería.
La piratería en internet no es un problema de dinero sino de servicio. Hay un enorme público que desea entretenerse a cualquier hora del día desde la comodidad de su computador. Cuevana triunfa por lo práctica y eficiente que es. Si llegase a desaparecer, ¿dónde está la alternativa legal que supla ese vacío? Netflix, por ejemplo, acierta con un buen precio pero no sólo llegó penosamente tarde a Latinoamérica sino que tiene un catálogo de películas y series muy reducido (principalmente porque la industria, esa misma que ha invertido vastos recursos en tumbar páginas con contenido pirata, es terca y se aferra a sus modelos de difusión obsoletos).
Internet cambió el panorama. Ya no hay fronteras, los costos de distribución son casi nulos y, más que nunca, los artistas pueden dar a conocer su trabajo y estar cerca de sus admiradores. La libertad y la facilidad son pilares de la cultura web, y hay modelos económicos muy exitosos que han sabido comprender esto (Indaguen sobre Steam, una tienda de juegos online). La respuesta no es, como pretende la industria, violar la privacidad de los usuarios de internet en una cruzada perdida contra la piratería.
Pero, como ellos no entienden, es tiempo de tomar las riendas. Las protestas tumbaron SOPA y PIPA, pero esos proyectos son sólo el síntoma de un virus que ve la violación de la privacidad y la libertad como la única salida contra la piratería. Hollywood no gastó cerca de 100 millones de dólares en lobby (un eufemismo que esconde la palabra “soborno”) para irse tranquilo después de una derrota. Ya hay otros proyectos que, con más sutileza, pretenden hacer lo mismo (ejemplo: Protect Children from Online Pornographers Act).
Fue lindo ver un montón de mensajes pro-libertad en Facebook pero protestar es insuficiente. ¿Qué podemos hacer? Empezar por Colombia. ¿Qué tal si agregamos “todo colombiano tiene derecho a un internet libre, neutral y sin intervención alguna” a nuestra Constitución, quizás en su artículo 20? Aprovechemos, además, que Santos y su congreso desean pasar a la historia: presionemos para que se digitalicen todos los trámites estatales (empezando por los procesos judiciales) y para que la cobertura de internet se expanda. La unión y el progreso de nuestro país encontrará un gran aliado en la tecnología.
En cuanto a la industria del entretenimiento, empecemos a fomentar modelos que sean dignos de este siglo. Apoyemos todo artista o proyecto que (1) no venda un producto altamente restringido y (2) entienda la dinámica de internet.
Es tiempo de leer, proponer y debatir. Es tiempo de tomar nuestros derechos online en serio. Nuestra generación cuenta con un gran número de herramientas a su disposición para hacer que nuestra voz se escuche y construir una nueva realidad. Es nuestro deber usarlas.
En un mundo donde las libertades personales se reducen cada vez más con fundamento en el miedo y en el “bien común”, internet quizás sea nuestra última trinchera de una libertad que no responda a los intereses económicos de los más poderosos. Es necesario que la defendamos.
Insignificante
diciembre 29th, 2011 § Dejar un comentario
Entre las piernas de una puta descansó por fin en paz. La muchacha, al sentirlo inerte, lo entendió satisfecho. Con delicadeza se levantó, vistió, vació la billetera de su cliente (por estrictas órdenes de él) y abandonó el cuarto.
La mañana siguiente no hubo escándalo. Rosita, veterana enfermera acostumbrada a la muerte de los pacientes que cuidaba, apenas respondió con un suspiro al cerciorarse de que Antonio carecía de signos vitales. El médico del asilo confirmó que se trataba de un paro cardiaco. Al atardecer ya había un nuevo inquilino en aquella habitación.
Esa muerte, a diferencia de tantas otras que ocurrían en aquel lugar, no fue problemática. El señor Pérez no tenía familia que necesitase ser informada ni valiosos objetos que debiesen ser conservados. Los de la funeraria llegaron rápido. Un año atrás, cuando el mismo Antonio pidió que lo internaran, todo quedó muy claro. Pagó lo suficiente para vivir allí tres años con la única condición de que le permitiesen una visita nocturna cada fin de mes. En aquel acuerdo original, redactado por una firma de abogados que solía presidir el difunto, también se pactó que las pertenencias encontradas en su cuarto una vez muriese (porque desde el principio era bien sabido que él se internaba para morir) serían donadas a las enfermeras del lugar. Lo único que dejó, sin embargo, fue una colección enorme de libros, la gran mayoría aún vírgenes de cualquier lector.
La vida de Antonio fue similar a su muerte. Cotidiana, aburrida e irrelevante. Temprano en su adolescencia comprendió que quien vive, sufre. La muerte lo aterrorizaba casi tanto como el sufrimiento. Tomó entonces la decisión de vivir sólo lo necesario para no matarse antes de tiempo. Justificó su existir en el pánico. Suprimió el alcohol, las drogas legales e ilegales, las fiestas, las religiones y las mujeres con el ideal de estar siempre en control de su mente y su sentir. Aprendió a disfrutar con precaución el arte. Intentó escribir pero después de varios años se rindió al descubrir que sus textos eran tan superfluos como sus sueños. Tuvo un par de amigos que abandonó cuando decidió que no tenía nada para aportarles. Después de estudiar becado descubrió en el derecho tributario su mejor opción. Pasó, desde entonces, la mayor parte de sus días encerrado en una oficina realizando cálculos y ganándose comisiones millonarias por obtener grandes deducciones aduaneras para sus clientes. Odió enriquecer a los ricos pero lo hizo de todas maneras. Evitó reflexiones ideológicas. No hubo año de su vida en el cual no tuviese suscripción a un gimnasio; no hubo día en el cual fuese a uno. Conoció muchas mujeres y hombres pero con ninguno intimó. Le desesperaba imaginarlos en el caos de la vida y los odiaba con envidia recalcitrante. Probó la masturbación pero la abandonó por sentirse patético cada vez que lo hacía. Muchas veces consideró cambiar su decisión, perderse un poquito; amar un poquito; vivir un poquito; sufrir un poquito. Pero con los años el miedo crece y el carácter se esconde. Su madre murió sin tener nietos. Su padre se suicidó no sin antes confesarle lo decepcionado que estaba de él. Después de los cincuenta años la melancolía y el arrepentimiento eran lo único que Antonio sentía. A los cincuenta y un años le descubrieron un cáncer de mierda. Gastó su fortuna intentando curarse pero fue en vano. A los cincuenta y tres, flaco y demacrado, se internó en el asilo. El último día de cada mes recibía en su habitación a una adolescente llamada Esperanza. Le pagaba por conversar. Ella le contaba todas las aventuras inherentes a la prostitución de alto nivel y él sonreía. Se encogía de hombros con timidez cuando se agotaban las historias y la chica indagaba por sus motivos para no acostarse con ella. Las reuniones acababan cuando él se dormía mientras la prostituta le acariciaba el rostro.
Un Papá Noel enamorado
diciembre 3rd, 2011 § 2 comentarios
Mientras el descender del ascensor los alejaba paulatinamente de la música que instantes antes les nublaba hasta el alma, ambos se recostaban en límites opuestos de la máquina. Ella lo observaba con cierta preocupación que él confundía con fastidio.
Las puertas se abrieron revelando la salida del edificio. Un taxi destartalado lo esperaba. Ella llamó su atención con un suave toque en su espalda. Él la miró con tristeza. -¿No quieres que sea feliz?- preguntó ella dejando escapar el melancólico tufo de quien toma por ansiedad.
Visiblemente alterado, empezó a responder: -No. No quiero que seas feliz…- Al oír esto ella intentó irse pero el muchacho la forzó a mirarlo. Siguió hablando con voz quebrada y palabras que parecían lágrimas: -Es decir…sí, sí lo quiero, pero sólo conmigo. Quiero que te consumas en nosotros; que te aisles; que olvides que hay algo más allá de las puertas de nuestra habitación; que los años pasen y sigamos perdidos en el laberinto de nuestras miradas. Quiero ser tu caos y tu paz; tu razón y tu dificultad. No soporto un instante más donde estés lejos, allá, en ese mundo de deseo y falsa vanidad. Porque ya no me entiendo sin ti a mi lado, y ya no quiero que te marches, ni que vivas, nunca más, si no es conmigo, y yo contigo.
Navidad en el norte
noviembre 30th, 2011 § Dejar un comentario
Después de mucho caminar el muchacho encontró lo que buscaba. Luces verdes y rojas iluminaban la fachada de la hacienda Santa Bárbara, el único lugar en Bogotá que le faltaba por conocer.
Una hora entera estuvo ahí, quieto, extasiado, observando los colores parpadeantes. Siempre le había gustado la navidad. Era, pensaba él, una excusa para que la ciudad se vistiese de esperanza. Recordó en aquel momento a su mamá, desaparecida varios años atrás. Fue feliz pues alucinó con ella. La vio allí tal y como la había visto durante la primer docena de años de su vida: pelinegra y churca, trigueña con bronceado bogotano, piernas largas pero bien tapadas, pancita y postura de madre trabajadora. Vio sus ojos miel que, gracias a la oscuridad, aparentaban ser negros, y sintió su mirada amorosa y extenuada. Ella también amaba navidad.
El veinticuatro de diciembre, desde las seis de la tarde, todos los vecinos del barrio se reunían. Eran una gran disfuncional familia. Cada uno tenía su asiento reservado en un gran óvalo de sillas de plástico. El centro de gravedad de la reunión eran dos mesas llenas de frutas, lechona, trago y gaseosita.
Una Colombia feliz
noviembre 25th, 2011 § Dejar un comentario
COMUNICACIÓN CONFIDENCIAL
REMITENTE CERTIFICADO
MENSAJE DEL REMITENTE:
Honorable primer ministra. El día de hoy, como lo mandaba la ley, hicimos la inspección de la casa del periodista Juan Carlos Rincón. Allí lo encontramos muerto, con heridas en sus muñecas. Después de revisar extensivamente su cuarto encontramos el siguiente texto. Creemos que esto explica los motivos por los cuales decidió acabar con su vida y porque no había presentado el informe sobre el magistrado Rodríguez. La copia que remitimos es la única del documento. Ya entenderá los motivos por los que manejamos esto con total discreción.
ÚNICA COPIA DEL MENSAJE REMITIDO:
Colombia “feliz”
“Todo es una farsa” dice con debilidad Ernesto Rodríguez mientras observa con atención la pared. En ella hay un letrero muy elegante, de fondo rojo y tipografía dorada, que dice “Colombia: tierra del gobierno amado por el pueblo”[1]. Ernesto, con un cuchillo peligrosamente afilado que le había regalado un guardia, talló, el día que llegó a ese lugar, una “r” entre la “a” y la “m” de “amado”. Ahora el letrero hablaba de un gobierno armado por el pueblo. “El sistema está diseñado para justificar cualquier tipo de atrocidad. Todo es legítimo cuando está acorde a la ley. La ley es legítima cuando el pueblo es convencido de que esa ley es lo que en verdad quiere” concluye.
A sus cincuenta años, el señor Rodríguez aparenta el doble de edad. Graduado como abogado de la Universidad de los Andes gracias a la cuna de oro en la que nació, obtuvo rápidamente reconocimiento por sus habilidades en el derecho penal. Después de adelantar investigaciones que luego serían el fundamento para la reforma judicial que adelantó el Gobierno Supremo vigente, el señor Rodríguez fue nombrado como magistrado supremo de la nueva Corte Penal Colombiana (superior en jerarquía a la Corte Constitucional y la Corte Suprema de antaño, y dotada con ambigüas funciones que le daban un amplio poder discrecional al magistrado Rodríguez). Hoy, sin embargo, luce devastado. Lleva varios días sin comer y sus ojos, de inusual color azabache, denuncian su profunda tristeza. Está a punto de morir, condenado por la misma institución que antes presidía.
Carta abierta a los estudiantes de Colombia
noviembre 15th, 2011 § 1 comentario
Estudiantes de Colombia,
Cuidado. Los políticos son expertos estrategas. Ellos saben que el ruido de la cotidianidad es suficiente máscara para pasar, en silencio, una infinidad de normas que modifican la estructura nacional para favorecer a intereses muy particulares.
La insistencia del Gobierno Nacional en la reforma educativa prueba que es un proyecto con promotores poderosos (aunque aún peligrosamente desconocidos). Sí, Santos retiró la iniciativa, pero no lo hizo por convicción (el amenazar con pasarla a menos que se detenga el paro indica que aún la considera adecuada). Los senadores de la Unidad Nacional que le retiraron el apoyo lo hicieron por la misma razón: la presión de los marchantes.
Por eso, el camino que sigue es el más complicado. Sin marchas, los morbosos medios de comunicación pasarán a preocuparse por noticias más coloridas y la educación dejará de ser prioridad nacional. Colombia se enfocará en cientos de problemas (el ruido de lo cotidiano) y olvidará que en este momento hay una pugna histórica por responder a la pregunta fundamental de nuestra generación: ¿cuánto cuesta nuestro futuro?
No podemos permitir que esa pregunta se olvide. Hay que hablar del tema en todos los espacios. Discutan la educación con su familia, con sus grupos de amigos, con sus maestros, con los taxistas, con el vecino en el bus, con el policía de la cuadra. Es necesario que nos tomemos el sentido común de Colombia y, para eso, es necesario que hablemos con los colombianos. Hay que mantenerlos al tanto de los avances que vayamos logrando. Cada uno de ustedes tiene ese compromiso.
El otro bache en el camino es la diversidad de opiniones. La MANE ha estado unida porque tenía un enemigo claro: el proyecto de Santos. Sin él, es momento de que afloren las distintas visiones que hay dentro del movimiento. La gran virtud de la MANE se convierte en su principal reto: es un movimiento nacional. El gran número de miembros hará muy difícil llegar a un consenso. Ya se observó, en la reunión más reciente, que fácilmente se generan tensiones ideológicas.
Sin embargo, estudiantes, no podemos olvidar que la unión es la que nos ha dado la fuerza. El debate dentro del movimiento debe darse, sólo así garantizaremos ser una propuesta genuinamente democrática. No obstante, no olviden que la causa es la misma y que las ideas del Gobierno siguen rondando en los círculos de poder. Si permitimos que se disuelva el movimiento, que cada grupo arme tolda aparte y defienda con terquedad sus ideas, los políticos habrán ganado. Sin unidad, el año entrante se presentarán distintos proyectos y, en río revuelto, los estrategas sabrán colar sus propuestas y todo el esfuerzo de este año habrá sido en vano.
No permitamos que eso suceda. Logramos demostrar que no estamos dispuestos a permanecer en silencio ante la injusticia. Durante mucho tiempo Colombia ha sido un pueblo dormido. Gracias a esa pasividad han traficado con nuestros sueños y nos han vendido al mejor postor. No harán lo mismo con la educación.
Estudiantes, nuestro futuro no tiene precio. La paz no tiene precio. La educación es la puerta a las oportunidades, y las oportunidades son nuestra mejor arma contra la desigualdad y la violencia. Somos tan grandes como nuestros sueños. Juntos lograremos una reforma educativa que piense en el estudiante, en el maestro y en el padre de familia antes de pensar en el dinero.
Estudiantes, Colombia es nuestra. Construyamos país; construyamos historia.
[Aquí va tu nombre]
noviembre 6th, 2011 § 1 comentario
Anoche te soñé y, al despertar, te sufrí. Abrí los ojos, de la misma forma en que muchos otros que te sueñan lo hacen, y observé el vacío a mi lado con un ridículo asomo de pesar. Esperaba, quizás, ver los tímidos rayos del amanecer posarse sobre tu rostro dormido y poder estirar mi mano para sentir el calor de tu espalda desnuda. Esperaba, quizás, que no fueses un sueño. Esperaba, mejor, que aún siguiese soñando.
Apareciste, en mi sueño, de la mano de quien fue mi obsesión cuando fui primíparo. Descubrí en ese momento que Laura, mi antigua obsesión, siempre conoció mis delirios. Al presentarte me susurró, con pícaro tono, ”ella te gustará, se parece a mí”.
“Te pareces a alguien que conozco” me dijiste de entrada, sin rodeos, con la sonrisa que esperaba de ti.
“Te pareces a un sueño que tengo” respondí sin atisbo de duda. Detrás tuyo, cuando dije eso, apareció Mariana, una amiga que crítica los diálogos que escribo por carecer de credibilidad. Ignoré, sin embargo, la mirada aburrida que me dedicaba. La ignoré porque mi atención, claramente, eras tú. Y yo era tu atención, lo que era sensacional y doloroso en magnitudes equivalentes.
Perdóname. Estoy escribiendo muy rebuscado; muy poco yo. Lo hago porque mientras escribo, mientras observo estas letricas aparecer de la nada, desprevenidas, en una pantalla de computador, no dejo de pensar en que no me lees. Lees, sin duda (si no leyeses no tendría interés en ti), pero no me lees. Por eso te admiro. Sabes no perder el tiempo en hombres que se repiten. Lees, por ejemplo, a mi compadre Andrés, que sí sabe de vicios y de consumirse como dios (o el diablo, o la ciencia, o el gran electrón) manda. Yo sólo sé de consumirme entre sueños.
La reposición y la súplica como medios de impugnación en Colombia
octubre 25th, 2011 § Dejar un comentario
La reposición y la súplica como medios de impugnación en Colombia
Por Ángela Zorro y Juan Carlos Rincón
[Puedes descargar una versión en PDF de este artículo oprimiendo aquí]
En el presente trabajo haremos una exposición de la información pertinente a los recursos de reposición y súplica en el proceso civil colombiano.
Para esto, (I) haremos una pequeña introducción a la teoría de los medios de impugnación y la clasificación de los dos recursos objeto de estudio; (II) expondremos el recurso de reposición según su (a) finalidad, (b) procedencia, (c) trámite, (d) evolución histórica reciente y (e) su definición en el proyecto de código general del proceso; (III) expondremos el recurso de súplica partiendo de su (a) diferencia con el recurso de reposición, (b) finalidad y definición legal, (c) procedencia, (d) trámite, (e) evolución histórica reciente y (f) su definición en el proyecto de código general del proceso; (IV) Concluiremos con unas críticas al regímen actual. A lo largo de esto acompañaremos la teoría con jurisprudencia relevante para la comprensión del tema.
Un partido melodioso
octubre 14th, 2011 § 1 comentario
Por Juan Carlos Rincón Escalante
“Siento una emoción muy grande porque es un momento muy especial…como si fuesemos la selección Colombia a punto de jugar una final”
Son palabras del director Mauricio Parra quien, momentos antes del inicio del evento, repasa con sus dirigidos el plan de acción. En el lugar, al mismo tiempo, las luces se prenden y apagan para comprobar su adecuado funcionamiento. Diana Pérez, organizadora de la logística, imparte órdenes a las trece personas contratadas para que todo salga bien esta noche. El público se acumula en la entrada. Se esperan 326 asistentes. La expectativa es evidente en el ambiente. Diez minutos antes del inicio, el director decide acabar la práctica. “La bendición” dice como despedida.
Inicia la serenata para cuerdas de Anton Dvorak y la tranquilidad se apodera del lugar. El público le presta total atención a las notas que provienen del escenario. Un hombre mayor cierra los ojos y alza el mentón para recibir la música.
Están en el auditorio B del edificio Mario Laserna de los Andes. El espectáculo es un concierto de la Orquesta de cuerdas Filarmonía, un grupo de músicos profesionales que solían pertenecer a la Orquesta sinfónica de Colombia y que se agruparon para no perder el vínculo con la música. Ya se habían presentado en la universidad en el 2009. Según Mónica Uribe, encargada de traerlos, fueron invitados de nuevo por ser “una Orquesta increíble con miembros de larga trayectoria”.
La medianoche de la puta
septiembre 18th, 2011 § 4 comentarios
Estaba la puta, desnuda, sentada en su columpio favorito. Era de noche y la luna, igual de indiferente que el resto del universo, no le prestaba atención a la ilustre señorita que la observaba con melancolía. El frío era insoportable, pero la puta no lo sentía. Su piel estaba acostumbrada a no sentir.
Pensaba, la mujer, en su vida de prostitución. En la puta vida, que no es muy distinta a la vida de una puta. Observaba, al pensar, su sombra sobre el asfalto de aquel desolado parque. Lo único que le fastidiaba de aquel columpio era su ubicación: al lado del único poste de luz en toda la zona. Más allá de su sombra, todo era oscuridad. Y ella quería estar ahí, a oscuras, sin sombra, pero no podía abandonar su columpio. Llevaban encontrándose muchos años, a medianoche, antes de ella irse a trabajar. Él era el único que la escuchaba, que la arrullaba con su delicado mecer. Allí, en ese lugar, ella encontraba un pedacito de felicidad bajo la luna.
-Hola- dijo una voz que la puta sintió en su nuca. –Hola- respondió ella mirando hacia atrás. Se encontró con unos ojos azules, tímidos, que la observaban desde la frontera entre la luz del poste y la oscuridad. Con un gesto, la puta, lo invitó a acompañarla. El muchacho caminó mientras ella lo observaba con genuina curiosidad. Estaba, el pelado, vestido de negro. Tenía una larga gabardina que le llegaba hasta las rodillas, un pantalón elegante y zapatos de cuero. Su rostro era limpio y su pelo corto. La miraba, ahora, con cierto deseo.
-¿No tienes frío?- preguntó el muchacho. La puta sonrió. -¿Por qué, me darás tu abrigo?
-Si así lo deseas.
-No, muchacho, no lo necesito. Este es mi mejor abrigo- dijo mientras se pasaba un dedo por la piel de su pecho. El joven, alterado por tan seductor gesto, sintió que se le cortaba un poco la respiración. Ella soltó una carcajada y se meció un poco más fuerte en el columpio. -¿Qué haces en mi parque a medianoche?- preguntó la mujer. El muchacho bajó la mirada y caminó hacia ella. Cuando estuvieron cerca, se arrodilló para quedar a la altura de la señora sentada en el columpio. La miró y el azul de sus ojos se encontró con el desgastado café de los de la puta. –Vengo a matarte- le dijo.



